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Setenta y cinco años de la Cuarta Internacional

Por David North
14 Octubre 2013

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Este artículo de perspectiva política fue publicado en inglés el Septiembre 2013

Hace setenta y cinco años—el 3 de septiembre de 1938—s fundó la Cuarta Internacional durante una conferencia llevada a cabo en las afueras de París. La labor de la conferencia tenía que completarse en un solo día debido a la precaria situación de seguridad. Durante los doce meses antes de la conferencia, el movimiento trotskista se hallaba bajo ataques implacables. Si bien Trotsky vivía exiliado en México, el régimen estalinista en la Unión Soviética lo consideraba su adversario político más peligroso. Stalin estaba determinado a destruir el movimiento internacional que Trotsky había creado durante la década después de su expulsión del Partido Comunista Soviético en 1917 y su deportación de la URSS en 1929.

En septiembre de 1937, Erwin Wolf, secretario político de Trotsky, fue asesinado en España por agentes de la GPU, policía secreta soviética. Durante ese mismo mes, Ignacio Reiss, quien había desertado a la GPU y declarado su lealtad a la nueva internacional que Trotsky fundaba en ese entonces, fue asesinado en Lausanne, Suiza. En febrero de 1938, León Sedov, hijo mayor de Trotsky y su representante político más importante, fue asesinado por la GPU en París. Y en julio de ese año, tan solo seis semanas antes de la conferencia de fundación, Rudolf Klement, líder del Secretariado Internacional del movimiento, fue raptado de su apartamento en París y asesinado.

Sedov, Wolf y Klement fueron elegidos presidentes honorarios de la conferencia, y el trotskista francés, Pierre Naville, informó a los delegados que "Debido a la trágica muerte de Klement, no habría un informe formal; Klement había estado escribiendo un informe detallado para distribuirlo, pero éste había desaparecido con el resto de sus expedientes. El informe que existía será solamente un resumen".

Las condiciones infernales en que la conferencia se celebró reflejaban la situación a la que se enfrentaba la clase trabajadora a nivel internacional. Los regímenes fascistas estaban en el poder en Alemania e Italia. Europa estaba al borde de la guerra. La infame conferencia en Munich en la que el imperialismo británico y francés le entregó Checoslovaquia a Hitler con el consentimiento del gobierno capitalista en Praga—se iba a llevar a cabo solo varias semanas después. La Revolución Española, luego de ser desorientada y traicionada por sus líderes estalinistas y anarquistas, rápidamente se dirigía a la derrota luego de más de dos años de guerra civil. En Francia, el gobierno de Frente Popular de 1936-1938, había hecho todo lo que su poder le permitía para desmoralizar a la clase trabajadora políticamente. En la Unión Soviética, Stalin había desatado el terror en 1936 y aniquilado a casi toda la generación de los Viejos Bolcheviques. Las traiciones de los estalinistas y los socialdemócratas habían saboteado los únicos medios que podrían haber prevenido el estallido de la Segunda Guerra Mundial; es decir, por medio de la revolución socialista de la clase trabajadora.

La misión principal a la que se encaraban los delegados que asistieron a la conferencia de fundación fue la adopción de un documento cuyo borrador Trotsky había escrito. Se titulaba, "La agonía mortal del capitalismo y las tareas de la Cuarta Internacional". La primera oración, entre las más significativas y profundas en los anales de la literatura política, declaró: "La situación política mundial en conjunto se caracteriza, ante todo, por la crisis histórica de la dirección del proletariado”.

Con estas palabras, Trotsky hizo un resumen no solo de la situación que existía en 1938, sino también del problema político fundamental de la historia moderna. Los prerrequisitos objetivos -es decir, el desarrollo internacional de las fuerzas productivas, la existencia de la clase revolucionaria—para el reemplazo del capitalismo por el socialismo estaban presentes. Pero la revolución no es simplemente el resultado automático de las condiciones económicas objetivas. Requería la participación política consciente de la clase trabajadora en el proceso histórico, basándose en un programa socialista y armada con un plan estratégico elaborado con claridad. La política revolucionaria de la clase trabajadora no podía ser menos consciente que la política contrarrevolucionaria de la clase capitalista que trataba de derrocar. He ahí el significado histórico del partido revolucionario.

Pero el papel decisivo del partido revolucionario, se había demostrado de manera positiva en Octubre de 1917—cuando la clase trabajadora rusa, bajo la dirección del Partido Bolchevique de Lenin y Trotsky, derrocó a la clase capitalista y estableció el primer estado obrero de la historia. También fue confirmado, aunque negativamente, por las derrotas de las décadas de los 1920 y 1930. Toda una serie de oportunidades revolucionarias se perdieron debido a la falsa política y las traiciones intencionales cometidas por los partidos socialdemócratas y comunistas (estalinistas), los cuales atraían la alianza de las masas obreras.

El fracaso político y el papel reaccionario de los partidos socialdemócratas de la Segunda Internacional ya se habían revelado en 1914, cuando repudiaron sus propios programas internacionalistas y apoyaron la política bélica de sus propias clases gobernantes nacionales. La Internacional Comunista (o sea, la Tercera) se había establecido luego de la Revolución de Octubre en oposición a la traición de la socialdemocracia.

Pero el crecimiento de la burocracia estatal dentro de la Unión Soviética y la degeneración política del Partido Comunista Ruso tuvo consecuencias de largo alcance para la Internacional Comunista. En 1923, la Oposición de Izquierda fue establecida bajo la dirección de Trotsky para combatir la burocratización del partido. Pero la burocracia, que encontrara en Stalin el representante dedicado a defender sus intereses y privilegios, luchó como bestia contra sus adversarios marxistas. En 1924, Stalin y Bujarin proclamaron el programa del "socialismo en un solo país", el cual repudiaba el programa del internacionalismo socialista—es decir, de la Revolución Permanente—sobre el cual Lenin y Trotsky habían basado la conquista del poder por los bolcheviques en octubre de 1917. El programa de Stalin y Bujarin presentó una justificación teórica antimarxista para justificar la subordinación práctica de los intereses de la clase trabajadora internacional a los intereses nacionales de la burocracia soviética.

El impacto de esta revisión fundamental de la teoría marxista acerca de la práctica de la Tercera Internacional y sus partidos afiliados fue catastrófico. Durante el curso de la década de los 1920, los dirigentes de los partidos comunistas nacionales que fracasaban siguiendo la línea dictada por Moscú fueron sacados burocráticamente y reemplazados por factótums incompetentes y dóciles. Con la desorientación causada por la política de Stalin—quien cada vez más consideraba abiertamente que la Tercera Internacional no era el partido de la revolución mundial socialista, sino un instrumento de la política exterior soviética—los partidos comunistas se tambalearon de un desastre a otro. La derrota de la Huelga General Británica en 1926 y, un año después, la derrota de la Revolución China fueron acontecimientos críticos en la degeneración de la Tercera Internacional.

En 1928, luego de ser exilado a Alma Ata en Asia Central, Trotsky escribió un Borrador del Programa de la Internacional Comunista: crítica de puntos esenciales poco antes del Sexto Congreso de la organización. Este documento fue una elaboración detallada de las causas teóricas y políticas de las derrotas que los partidos comunistas habían sufrido durante los cinco años anteriores. El blanco principal de la crítica de Trotsky fue la teoría del "socialismo en un solo país" que Stalin y Bujarin habían promulgado. Trotsky escribió:

En nuestra época, la época del imperialismo, es decir, de la economía mundial y la política mundial bajo la hegemonía del capital financiero, ni un solo partido comunista puede establecer su programa si procede únicamente de las condiciones y tendencias de desarrollo de su propio país. Esto también se aplica totalmente al partido que ahora está en el poder dentro de las fronteras de la URSS. El 4 de agosto de 1914, la muerte de todos los programas nacionales llegó a su fin para siempre.

El partido revolucionario del proletariado sólo puede basarse en un programa internacional que corresponda al carácter de la época, la época del mayor desarrollo y colapso del capitalismo. Un programa comunista internacional de ninguna manera consiste de un conjunto de programas nacionales, ni una amalgamación de sus rasgos comunes. El programa internacional debe proceder directamente de un análisis de las condiciones y tendencias de la economía mundial y del sistema político mundial en general, con todas sus conexiones y contradicciones; es decir, con toda la interdependencia recíprocamente antagonista de sus partes individuales. En la época presente, mucho más que en la del pasado, la orientación del proletariado debe y puede surgir de una orientación mundial y no al revés. He aquí la diferencia primaria y básica entre el internacionalismo comunista y toda variedad de socialismo nacional.

Es importante recordar que el énfasis central que Trotsky le dio a la primacía de una orientación mundial surgió no simplemente de consideraciones teóricas generales, sino del análisis- que había desarrollado en 1923-1924- de las tendencias globales de la aparición de Estados Unidos como la potencia imperialista principal.

Naturalmente, a Trotsky le prohibieron asistir a las sesiones de la Internacional Comunista. Sus obras ya eran proscritas dentro de todos los partidos comunistas. No obstante, debido a un accidente extraordinario, la Crítica de Trotsky había sido traducida al inglés y llegó a manos de James P. Cannon, quien asistía al Sexto Congreso como delegado del Partido Comunista de Estados Unidos. La Crítica de Trotsky convenció a Cannon. Este, con la asistencia de un delegado canadiense, Maurice Spector, contrabandeó el documento y lo sacó fuera de la Unión Soviética. En base del análisis presentado en Crítica de puntos esenciales, Cannon -unido ahora a Max Shachtman, Martin Abern y varios otros dirigentes del Partido Comunista- comenzaron a luchar por las ideas de Trotsky en el exterior de la Unión Soviética. Pronto fueron expulsados del Partido Comunista, y Cannon y Shachtman formaron la Liga Comunista de Estados Unidos, que jugará un papel crucial en el surgimiento de la Oposición Internacional de Izquierda

Cuando la Oposición de Izquierda se formó en 1923, su objetivo consistía en reformar al Partido Comunista en base a un programa de internacionalismo revolucionario y el restablecimiento de los debates abiertos dentro del partido de acuerdo a los principios del centralismo democrático. Al establecerse la Oposición de Izquierda Internacional, que rápidamente adquirió partidarios por todo el mundo, Trotsky trató de lograr que la Internacional Comunista se reformara. Siempre que existiera la posibilidad de que la desastrosa política de Stalin diera marcha atrás por medio del crecimiento de una oposición dentro del Partido Comunista Soviético y de la Tercera Internacional, Trotsky se abstuvo de lanzar un llamado para una nueva Internacional.

La situación en Alemania entre 1930 y 1933 era de gran importancia para los planes de Trotsky. Con el colapso de la economía alemana luego de la caída de Wall Street en 1929, el Partido Nacional Socialista (Nazi) de Hitler emergió con fuerza de masas. El fracaso o éxito de Hitler en llegar al poder dependía de la política de las dos organizaciones de las masas obreras alemanas: el Partido Socialdemócrata (SPD) y el Partido Comunista (KPD). Estos dos partidos comandaban la afiliación de millones de trabajadores alemanes y tenían la fuerza para derrotar a los nazis.

Aunque en 1929 Trotsky fue exilado a la isla de Prinkipo, cerca de la costa de Turquía, escribió voluminosamente, analizando la crisis alemana y llamando a la acción unida de los dos partidos de la clase trabajadora para que detuvieran la marcha de Hitler hacia el poder. Pero el SPD, servil al estado burgués y opuesto a toda acción política independiente de la clase trabajadora, ni siquiera consideró una lucha defensiva contra los nazis. Más bien el destino de la clase trabajadora iba a quedar en manos de los políticos burgueses corruptos y delictivos del régimen de Weimar, quienes conspiraban para llevar a Hitler al poder. En cuanto al KPD, éste se adhería ciegamente a la definición de la socialdemocracia que Moscú había dictado: que ésta era "social fascista", o sea, el equivalente político del partido nazi. Los estalinistas rechazaron el llamado de Trotsky a un Frente Unido del KPD y el SPD contra Hitler. En un pronóstico político que debe considerase entre los errores de juicio más desastrosos de la historia, los estalinistas justificaron su pasividad al proclamar que a la victoria nazi pronto le seguiría la revolución socialista que llevaría al Partido Comunista al poder. "Después de Hitler, nosotros" era el lema estalinista.

La trágica conclusión llegó el 30 de enero de 1933. El envejecido presidente von Hindenburg nombró a Hitler canciller, y éste llegó al poder legalmente, sin que se disparara una sola bala. Tanto el SPD como el KPD, organizaciones que contaban con millones de militantes entre sí, no hicieron nada para oponerse al triunfo de Hitler. A pocos días, los nazis, quienes ahora controlaban la maquinaria del estado, pusieron su terror en marcha. En meses, el SPD, el KPD, los sindicatos y todas las demás organizaciones de las masas trabajadoras fueron destrozados. La pesadilla de 12 años, que costaría la vida de millones, inclusive la gran mayoría de los judíos europeos, había comenzado.

Trotsky esperó varios meses después de la ascensión de Hitler al poder para ver si la catástrofe alemana provocaría protestas y oposición dentro de los vestigios del KPD o de la Tercera Internacional. Pero ocurrió lo contrario. Las organizaciones estalinistas, dentro de Alemania y en la Internacional, reafirmaron que la línea política dictada por la burocracia soviética había sido correcta.

El resultado en Alemania convenció a Trotsky que ya no existía ninguna posibilidad de reformar a la Internacional Comunista. Por lo tanto, en julio de 1933 Trotsky lanzó un llamado público para el establecimiento de la Cuarta Internacional. Este cambio fundamental de política en relación a la Tercera Internacional llevó a Trotsky a otra conclusión. Si la posibilidad de reformar a la Internacional Comunista ya no existía, la perspectiva de reformar al Partido Comunista de la Unión Soviética tampoco era válida. Para cambiar la política del régimen estalinista era necesario derrocarlo. No obstante, puesto que este derrocamiento tendría como objetivo defender, y no reemplazar, las relaciones de propiedad nacionalizada que se establecieron después de octubre de 1917, la revolución por la cual Trotsky abogaba en vez de ser social sería de carácter político.

Los eventos entre 1933 y 1938 confirmaron la nueva trayectoria de Trotsky. Durante los cinco años que siguieron a la conquista del poder por Hitler, el régimen estalinista surgió como la fuerza contrarrevolucionaria más peligrosa del movimiento internacional de los trabajadores. Las derrotas causadas por la política de la burocracia del Kremlin no fueron resultado de errores, sino de una política consciente. El régimen estalinista temía que el éxito de una revolución social en cualquier país podría inspirar un nuevo despertar del fervor revolucionario de la clase trabajadora soviética.

Durante su labor sistemática para establecer a la Cuarta Internacional formalmente, Trotsky se topó con dos importantes formas de oposición.

La primera consistió de tendencias e individuos que rehusaban extraer todas las lecciones, basadas en principios, de la experiencia internacional de la lucha de clases y de las traiciones del estalinismo y la socialdemocracia. Aunque ocasionalmente expresaban simpatía y hasta aceptaban este u otro aspecto del análisis de Trotsky, rehusaban comprometerse a sí mismos y a sus organizaciones a la lucha por una nueva Internacional revolucionaria. En efecto, estas tendencias -que Trotsky denominó "centristas"- trataban de encontrar un campo medio y cauteloso entre la revolución y la contrarrevolución. Pero detrás de sus maniobras políticas sin principios yacían perspectivas oportunistas. Estaban determinados a prevenir que el programa y los principios internacionales interfirieran con sus tácticas nacionales. Los partidos que ejemplificaban estas tendencias eran el Partido Socialista de los Trabajadores de Alemania SAP, el Partido Español de Unificación Marxista (POUM) y el Partido Laborista Independiente de Gran Bretaña (ILP). Esta última organización jugó un papel significante en la formación del presunto London Bureau.

La segunda polémica en contra del establecimiento de la Cuarta Internacional fue que su proclamación era prematura. Aseveraron que una internacional sólo podía surgir de "grandes eventos", por lo que significaban una revolución exitosa. En la conferencia de fundación, esta postura la presentó el delegado polaco, identificado en las minutas como Karl, quien sostuvo que una nueva Internacional podía crearse solamente durante un período de "levantamientos revolucionarios". Las condiciones de "intensa reacción y depresión" eran "circunstancias totalmente desfavorables a la proclamación de la Cuarta". El delegado puntualizó que "las fuerzas que constituyen la Cuarta eran desproporcionadamente pequeñas en relación a su misión" y que "por lo tanto era necesario esperar por un momento favorable y no ser prematuros".

A medida que escribía el borrador del documento fundador de la Cuarta Internacional, Trotsky anticipó los argumentos del delegado polaco: "Los escépticos se preguntan: Pero, ¿ha llegado el momento para crear la Cuarta Internacional? Dice que es imposible crear una Internacional "artificialmente"; que sólo puede surgir de grandes eventos, etc. Pero lo único que estas objeciones muestran es que los escépticos no sirven para crear una nueva Internacional. No sirven para casi nada. "La Cuarta Internacional ya ha surgido de grandes eventos: de las peores derrotas del proletariado en la historia. La causa de estas derrotas ha de encontrarse en la degeneración y perfidia de la vieja dirigencia. La lucha de clases no tolera interrupciones. La Tercera Internacional, siguiendo a la Segunda, ya ha muerto para todo propósito revolucionario. ¡Qué viva la Cuarta Internacional!"

En octubre de 1938, Trotsky grabó un discurso en que le da la bienvenida a la fundación de la Cuarta Internacional con obvia emoción: "Estimados amigos, no somos un partido como otros. Nuestra ambición no es solamente tener más militantes, más diarios, más dinero en la tesorería, más diputados. Todo eso es necesario, pero sólo como medio. Nuestro objetivo es la completa liberación espiritual y material de los trabajadores y los explotados a través de la revolución socialista. Nadie la va a preparar y nadie excepto nosotros vamos a encabezarla. Las antiguas Internacionales—la Segunda, la Tercera, la de Amsterdam, y también añadiremos el Buró de Londres—están completa y totalmente podridas. "Los grandes eventos que sacuden a la humanidad no van a dejar ni una piedra sobre la otra a estas organizaciones que han vivido más de lo debido. Solo la Cuarta Internacional mira al futuro segura de sí misma. ¡Es el Partido Mundial de la Revolución Socialista! Nunca hubo mayor misión en la tierra. Sobre nosotros cae una tremenda responsabilidad histórica".

Con la perspectiva que tres cuartos de siglo brindan, es posible determinar si la historia ha vindicado la crítica de Trotsky. ¿Qué queda de las viejas organizaciones estalinistas, socialdemócratas y centristas cuyo naufragio político Trotsky predijo—La Segunda Internacional existe sólo como centro de actividades y conspiraciones dirigidas por la CIA y varias otras agencias de espionaje del estado. Stalin oficialmente disolvió a la Tercera Internacional en 1943. Los partidos estalinistas por todo el mundo continuaron en la órbita de la burocracia del Kremlin por varias décadas más hasta que la disolución de la URSS en 1991 los arrojó al basurero de la historia.

No; no exageremos. El Partido Comunista Ruso, aunque muy reducido, sigue existiendo. Celebra manifestaciones en Moscú, junto a nacionalistas y fascistas rusos, en las que ondea pancartas con el retrato de Stalin al lado de pancartas adornadas con la esvástica. Y es verdad que el "Partido Comunista" tiene el poder en China, donde preside sobre la segunda economía mayor del mundo, cuyo régimen policiaco estatal garantiza que las súper ganancias extraídas de la clase trabajadora se trasladen a las empresas transnacionales de Estados Unidos y Europa.

La Cuarta Internacional, la única organización revolucionaria, exitosamente ha navegado por los escollos y turbulencias de un período de la historia tan extenso. Ha pasado por luchas políticas intensas y escisiones. Los conflictos internos han reflejado las vicisitudes de la lucha de clases bajo condiciones socioeconómicas en flujo constante y el realineamiento de fuerzas sociales-no sólo en la clase trabajadora, sino en diferentes capas de la clase media- bajo el impacto de estos cambios.

Los cínicos políticos, que florecen abundantemente en el ambiente poco saludable pero efervescente de la ex y pseudo izquierda académica, les encanta señalar las escisiones dentro de la Cuarta Internacional. Esta gente, que se doblega en silencio ante los crímenes de los partidos capitalistas por los cuales votan año tras año, no comprende nada de la dinámica clasista de la política. Y a nivel personal tampoco pueden comprender por qué alguien, en algún lugar, puede conducir una lucha política principista determinada y sin concesiones.

Quince años después de la fundación de la Cuarta Internacional en noviembre de 1938, el surgimiento de una tendencia pro estalinista conllevó a una escisión que abarcó cuestiones fundamentales acerca de la orientación clasista, la perspectiva histórica y la estrategia política. La combinación de las presiones causadas por la nueva estabilización del capitalismo, por la influencia política de la burocracia estalinista, que todavía era inmensa, y por la consciencia política creciente de una clase media en expansión, se reflejó en la evolución de un nuevo oportunismo llamad pablismo (derivado del nombre de su mayor exponente, Michel Pablo), el cual rechazó el análisis de Trotsky de la burocracia estalinista y el estalinismo como contrarrevolucionarios. Previó que la realización del socialismo como un proceso que llevaría siglos por medio de revoluciones dirigidas por la burocracia y sus partidos estalinistas afiliados.

Hasta llegó a sugerir que una guerra nuclear mundial crearía las condiciones para la victoria de la revolución socialista. La teoría pablista también le atribuyó capacidades revolucionaras a numerosos movimientos radicales nacionalistas de la pequeña-burguesía, sobre todo en los países coloniales y del "Tercer Mundo".

El contenido esencial de la revisión pablista de la teoría marxista y de la perspectiva trotskista fue el rechazo del papel central de la clase trabajadora en la revolución socialista. El Comité Internacional de la Cuarta Internacional se estableció en 1953 bajo la iniciativa de James P. Cannon para luchar contra la influencia del oportunismo pablista, cuya lógica y práctica políticas llevarían, a menos que alguien le contrariara, a la liquidación de la Cuarta Internacional como partido revolucionario de la clase trabajadora.

La lucha política contra la influencia del pablismo fue furiosa dentro de la Cuarta Internacional durante más de 30 años. Concluyó exitosamente en 1985, cuando los trotskistas ortodoxos del Comité Internacional de nuevo recuperaron la dirección política de la Cuarta Internacional. Los factores objetivos que contribuyeron a esta victoria fueron la intensificación de la crisis mundial del capitalismo, la profunda crisis de la burocracia estalinista, el obvio fracaso de todas las organizaciones obreras basadas en programas nacionalistas reformistas.

No obstante, estas condiciones objetivas por sí solas habrían sido insuficientes. La derrota de los revisionistas y los oportunistas por parte de los trotskistas ortodoxos del Comité Internacional tuvo éxito porque estos últimos conscientemente basaron sus labores en el enorme patrimonio político y teórico de Trotsky y la Cuarta Internacional. Este patrimonio, que se había establecido y desarrollado durante décadas, fue una inmensa fuente de fortaleza política. A fin de cuentas, el desarrollo de la crisis mundial del capitalismo y la lucha de clases se desplegaron de acuerdo con la perspectiva elaborada por Trotsky y la Cuarta Internacional.

Setenta y cinco años—tres cuartos de siglo—es un período de tiempo sustancial. Evidentemente, mucho ha cambiado desde el Congreso de Fundación de la Cuarta Internacional. Pero las estructuras y las contradicciones fundamentales de la sociedad capitalista persisten. A pesar de todas las innovaciones tecnológicas, la situación a la cual se enfrenta el capitalismo moderno no parece menos desesperada que la de 1938. Es más: es peor. Cuando Trotsky escribió el documento fundador de la Cuarta Internacional, a la burguesía internacional la acechaba una crisis económica intratable; abandonó la democracia y se apresuró a la guerra. Hoy, a medida que celebramos 75 años desde la fundación de la Cuarta Internacional, el capitalismo mundial se enfrenta a una crisis económica igualmente intratable; con tendencias a abandonar la democracia y apresurarse a la guerra.

Las palabras de Trotsky, escritas hace 75 años, retienen una inmediatez extraordinaria:

"Todo palabrerío de que las condiciones históricas todavía no han 'madurado' para establecer el socialismo es resultado de la ignorancia o del engaño consciente. Los prerrequisitos objetivos de la revolución proletaria no sólo han 'madurado', sino que han comenzado a pudrirse. Sin la revolución socialista en el próximo período histórico, la catástrofe amenaza a toda la cultura humana. Ahora es el turno del proletariado; es decir, principalmente de su vanguardia revolucionaria. La crisis histórica de la humanidad se reduce a la crisis de dirigencia revolucionaria".

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