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El gobierno del Partido de los Trabajadores brasileño usa el ejército contra los trabajadores

Por Rafael Azul
24 Octubre 2013

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este artículo se publicó el 22 de octubre en inglés

Los trabajadores petroleros en huelga y sus partidarios batallaron a tropas del ejército brasileño en Río de Janeiro el lunes. El ejército y las fuerzas de seguridad les dispararon gases lacrimógenos y balas de goma. Cinco manifestantes fueron heridos. Los soldados habían sido movilizados para sellar el hotel frente a la playa en la que los derechos de explotación de un importante yacimiento de petróleo en el mar frente a la costa brasileña estaban siendo subastados y para dispersar a los manifestantes que exigían la suspensión de la venta.

El viernes la presidente de Brasil, Dilma Rousseff (PT, Partido de los Trabajadores) había decretado la movilización de más de 1,100 soldados para reprimir las protestas de los trabajadores en huelga de Petrobras, la empresa petrolera nacional, opuestos a la privatización del yacimiento petrolífero de Libra. Libra es un gran campo de petróleo en alta mar, muy por debajo de la superficie del océano bajo una capa gruesa de sal, que se estima que contiene entre ocho y 12 millones de barriles. Una vez en pleno funcionamiento, en aproximadamente una década, se espera que el campo de Libra producirá 1.4 millones de barriles por día.

Además de las tropas del ejército, el gobierno también asignó a la policía paramilitar de la Fuerza Nacional de Seguridad Pública (Força Nacional de Segurança Pública, FNSP) para hacer frente a los huelguistas. El FNSP fue organizado en el 2004 por Luiz Inácio Lula da Silva para combatir el narcotráfico. Los trabajadores de Petrobras en Brasil abandonaron sus puestos de trabajo el 17 de octubre y ocuparon el Ministerio de Minas y Energía en Brasilia. Los líderes de la huelga informaron que el 90 por ciento de los trabajadores de petróleo participaron y que la huelga había paralizado 15 plataformas responsables del 80 por ciento de la producción de Petrobras. También fueron afectadas las 22 refinerías de Petrobras. El viernes 18 también hubo marchas de protesta en Río y en São Paulo.

El sindicato de trabajadores petroleros (Federação Única dos Petroleiros, FUP) afirma que la huelga cuenta con el apoyo de los trabajadores administrativos y contingentes (terceirização). En alianza con el FUP, está la FNP (Federação Nacional dos Petroleiros), una pequeña federación "radical" de cinco gremios de Petrobras. Además de la demanda de la suspensión de la subasta de Libra, la FUP y la FNP también exigieron un aumento del 7.68 por ciento en los salarios (1.5 por ciento por encima de la tasa de inflación) y la eliminación de un borrador de ley que abriría el camino para el empleo de trabajadores tecerizados en toda la empresa.

Esta es la primera vez que las fuerzas armadas se han movilizado en contra de manifestaciones internas desde que el PT asumió el poder en el 2003; trae a la mente las medidas represivas del régimen militar que gobernó al país entre 1964 y 1985. Con la movilización de las tropas, Rousseff, que había sido una opositora de izquierda, y una víctima de la dictadura, tomó deliberadamente una acción que demuestra la fidelidad de su gobierno hacia capitalistas extranjeros y nacionales y su voluntad de utilizar toda la fuerza necesaria para defender los intereses de ellos en contra de la clase obrera. Once empresas habían mostrado interés en la subasta del campo petrolero Libra, incluyendo la anglo-holandesa Shell; la francesa Total; la Repsol de España; la CNPC y la CNOOC, dos compañías chinas; la Oil y Gas Natural Corp, empresa india; la Ecopetrol de Colombia; la Petronas de Malasia; y Mitsui, un grupo inversionista japonés.

Al final, un consorcio de cuatro empresas-Total, Shell, CNPC y CNOOC-hicieron la única oferta y por lo tanto se aseguraron los derechos de explotación. Total y Shell tendrán cada una una participación del 20 por ciento, las dos empresas chinas tendrán cada una el 10 por ciento, mientras que Petrobras, que se encarga de la gestión y explotación de Libra, retiene el 40 por ciento. En un momento, el gobierno brasileño tuvo la expectativa que 40 empresas petroleras independientes acudieran a la subasta; los conglomerados energéticos británicos como Exxon, Chevron y BP EE.UU. decidieron no participar en la licitación.

Esto se atribuyó en gran medida a los cálculos que las condiciones ofrecidas por Brasilia, incluyendo un bono por adelantado de $6,800 millones al firmar, el que Petrobas mantenga el control de las operaciones, así como la propiedad del petróleo, eran menos lucrativos que lo que podrían negociar en otros lugares, particularmente en África . La ausencia de las empresas de Estados Unidos también está relacionada al enfriamiento de las relaciones entre Washington y Brasil a raíz de las revelaciones Snowden, sobre el espionaje la NSA contra Rousseff y su gobierno y revelaciones que también había realizado espionaje industrial contra Petrobras.

En septiembre, poco después de que el espionaje se hiciera público, los funcionarios del FUP, conscientes del potencial de protesta pública masiva, aconsejaron a la administración de Rousseff en contra de la participación de capital de EE.UU. en la venta de concesiones de Libra. "Dada la evidencia del espionaje del gobierno de EE.UU. ... las empresas norteamericanas tienen ventaja," aconsejó el sindicato en una declaración preparada, agregando que "el FUP espera que el gobierno de Brasil adopte todas las medidas necesarias para proteger a Petrobras y su soberanía nacional." Un artículo en el diario de Buenos Aires, Página 12, sugiere que una alianza chino-Petrobras contrarresta esta última injerencia por parte del imperialismo de EE.UU.

Tras las manifestaciones masivas de junio y el calentamiento de las protestas de los trabajadores, sobre todo por los profesores, el gobierno de Rousseff se ha vuelto muy sensible a la opinión popular. En reacción a los actos de protesta de junio, la presidenta brasileña había prometido que el gobierno invertiría los ingresos de la venta de concesiones petroleras en la educación y otros programas sociales. Además de la cantidad inicial de casi $7,000 millones obtenidos de la oferta Libra, el estado espera cientos de miles de millones de ingresos durante la vigencia de la reserva.

Sin embargo, Petrobras está muy "apalancada", con unos US $16 mil millones en deuda. Por ello el 3 de octubre la agencia evaluadora de créditos Moody's rebajó el rating de Petrobras de A3, a Baa1. El anuncio de Moody's deja por sentado de que la empresa podría rebajar el crédito de Petrobras aún más, dándole una señal a Rousseff de no apropiar los fondos de Petrobras, y de colocar a los tenedores de bonos de Petrobras por delante de las necesidades sociales.

Petrobras, creada en 1953 bajo la presidencia del nacionalista burgués derechista, Getulio Vargas, monopolizó la exploración de petróleo y su refinación hasta 1997, cuando el proceso de privatización se inicia con la venta de acciones de la compañía en la bolsa de valores. Petrobras sigue estando hoy en día bajo el control del gobierno, aunque sólo nominalmente. Emite acciones, y por lo tanto se compromete a garantizar las ganancias de los capitalistas privados. Es una ficción conveniente que el gobierno tenga el control de la empresa, ya que posee un 55 por ciento de sus acciones [de votación] ordinarias. Sin embargo, el gobierno sólo controla cerca del 33 por ciento del capital de la compañía. Más del 60 por ciento de las ganancias de la petrolera se distribuye a extranjeros, tengan o no derecho a votar sus accione. El verdadero control recae en ellos. Las operaciones transnacionales de Petrobras incluyen proyectos en el Golfo de México, Chile, Argentina, Bolivia y Paraguay.

El poder de los inversionistas internacionales se hizo evidente el 14 de octubre, cuando el Ministro de Energía, Edion Lobao, acordó que Petrobras iba a aumentar el precio de la gasolina al precio mundial, aumentando así el valor de las acciones de Petrobras y en detrimento de la economía brasileña. Los precios del combustible habían sido controlados por el gobierno brasileño debido a su preocupación por las presiones inflacionarias y el gasto deprimido de los consumidores. Acompañando la toma de Petrobras por el capital privado, ha habido una explosión en los trabajadores tercerizados y en el deterioro de las condiciones de trabajo. Más de 100 contratistas emplean tres cuartas partes de su fuerza laboral está a medio tiempo y sin seguridad de empleo, a menudo en condiciones peligrosas, con pocos o ningunos beneficios y con sueldos bajos. La legislación pendiente rebajaría las condiciones de trabajo aún más, lo que le permitiría a Petrobras subcontratar a prácticamente todos sus trabajadores.

El uso de mano de obra contingente por Petrobras comenzó en los años 90s y continúa en aumento. Alrededor de 40,000 empleos de tiempo completo han sido destruidos, la mitad de la fuerza de trabajo de Petrobras de la década de los 90s. En esta transformación de la fuerza de trabajo, Petrobras contó con la colaboración de la FUP, que minó la oposición a la destrucción de puestos de trabajo de tiempo completo de los trabajadores canalizándola a través de los tribunales. El FUP y la CUT (Central Única dos Trabalhadores), a la que pertenece, representan al llamado "sindicalismo nuevo" (novo sindicalismo) iniciada por Lula. Están totalmente integrados en el aparato PT, subvencionado por el gobierno, e independiente de las cuotas de los trabajadores; típicamente dirigentes sindicales son recompensados con lucrativos puestos gubernamentales.

Actuando como animadores de esta huelga está la seudoizquierda de brasil. El PSTU brasileño (Partido Obrero Socialista Unido) presentó la huelga de los trabajadores petroleros y la oposición masiva a la venta de los derechos de explotación de Libra como una lucha por la "verdadera soberanía de Brasil". El PSTU propuso un paro nacional unificado de los trabajadores petroleros para presionar a la presidenta Rousseff para que Libra se mantenga en manos de Petrobras y para volver a nacionalizar la empresa. La función de esta organización es crear falsas ilusiones entre los trabajadores, tanto en los sindicatos como en el gobierno del PT en Brasilia.

A pesar del tamaño de su economía, y la bonanza petrolera de los campos en alta mar, Brasil sigue siendo una nación oprimida dominada por el capitalismo internacional. Su clase dominante, obligada a un zig-zag entre el imperialismo y los grupos financieros transnacionales que tienen como rehén sus recursos, por un lado, y su propia clase obrera por el otro, hace uso del aparato represivo de la policía y las fuerzas militares y de "partidos obreros" como el PT, los sindicatos corporativistas y los falsos izquierdistas como el PSTU. Cada una de estas organizaciones atiende su juego para mejor desviar y traicionar la lucha de la clase obrera para satisfacer las necesidades de la gran mayoría a través del desarrollo de la riqueza del petróleo y otros recursos naturales y su distribución a la sociedad entera. Para cumplir con esa misión, la clase obrera debe crear su propio partido y tomar el camino de la revolución y el socialismo.

 



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