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El partido gobernante de Argentina sufre pérdidas en las elecciones del Congreso

Por Bill Van Auken
5 noviembre 2013

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Este artículo apareció originalmente en inglés el 02 de noviembre del 2013

Fue significante la caída del voto para el kircherismo, la facción gobernante del partido peronista de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en las elecciones legislativas argentinas del domingo 27 de octubre; fue un reflejo del descontento general con el deterioro de las condiciones económicas y sociales.
El Frente para la Victoria (FPV), de Fernández ganó sólo el 33 por ciento del balotaje nacional y perdió en las cinco provincias más importantes, incluyendo la de Buenos Aires, donde vive más de un tercio de la población del país. Aunque retuvo mayorías absolutas tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados, es sólo por el más pequeño de los márgenes.

Se interpretó el voto en la Argentina como señal del colapso del kirchnerismo, apodo que se da a la década que siguió a la elección de Néstor Kirchner, ex gobernador de la provincia patagónica de Santa Cruz en el 2003, resultado de la crisis financiera del 2001 y de las enormes rebeliones que ocurrieron como consecuencia.

Su esposa Cristina siguó a Nestor en el 2007, todos entendían que su marido se postularía una vez más en el 2011, pero el ex presidente murió de un ataque al corazón en el 2010.

Que Cristina Fernández de Kirchner, quien fue reelegida en el 2011 con un porcentaje mayor del 54 por ciento, logre una tercera presidencia, depende de una enmienda en la constitución argentina, que por ahora establece un límite de dos. Los resultados de las elecciones legislativas del pasado domingo le niegan al FPV la mayoría de dos tercios necesaria para aprobar esa enmienda.

Los Kirchner han sido parte del supuesto "giro a la izquierda" en la política latinoamericana, una categoría amorfa que amalgama a dispares políticos burgueses como Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil y Michelle Bachelet en Chile. En el caso de Argentina, este "giro" consistió en gran parte en la expansión de los gastos del fiscales y de asistencia social, junto con una ruptura con el Fondo Monetario Internacional, a la vez que defendía los intereses fundamentales de capitales nacionales e internacionales.

Este proyecto ahora encara crisis cada vez mayores, que aparecen principalmente en una tasa de inflación que la mayoría de los economistas dicen ser del 25 por ciento, aunque el gobierno dice que está a menos de la mitad de ese nivel. El noviembre ocurrió una huelga general, la primera en Argentina en más de una década, para protestar las políticas fiscales que agravan el impacto que la inflación tiene sobre la clase obrera.

Los principales beneficiarios creciente oposición al gobierno de Fernández son opositores más a la derecha, el más destacado de ellos desde dentro de su propio Partido Justicialista (peronista). El principal de ellos es Sergio Massa, el alcalde de la ciudad de lujo de Tigre, a unos 18 kilómetros al norte de Buenos Aires. El Frente de Renovación de Massa obtuvo más del 43 por ciento de los votos en la provincia clave de Buenos Aires, versus el 31 por ciento de votos para el partido gobernante.

La evolución de Massa ilumina la naturaleza corrupta y reaccionaria del movimiento peronista. Hijo del ejecutivo de una constructora; entró en la política en la Unión del Centro Democrático (UCeDé), un partido de derecha de las grandes empresas fundado por Álvaro Alsogaray, ardiente partidario de la brutal dictadura militar que gobernó al país entre 1976 y 1983.

Al llegar a la presidencia peronista de derecha Carlos Menem en 1989, su programa de libre empresa de radicales privatizaciones y paquetes de ajuste del Fondo Monetario Internacional (FMI) contó con el apoyo de la UceDé. Massa se convirte al peronismo y se hace parte de la burocracia estatal y de la del partido y llega a dirigir la oficina de seguro social. En el 2008, Cristina Fernández le pone el dedo para ser su Jefe de Gabinete.

Con el apoyo de grandes empresarios y secciones de los sindicatos, Massa crea su Frente de Renovación solamente a principios de este año, en base a una plataforma de derecha demandando del gobierno una mano dura contra el crimen, una política más "amigables" hacia las grandes empresas, y encarrilar la política exterior en línea con Washington. Como parte de su campaña, el obvio comienzo de una candidatura a la presidencia, Massa contrató al ex alcalde republicano de Nueva York, Rudolph Giuliani, como consejero de seguridad. Éste lo acompañaba a sus discursos.

Los resultados del balotaje también favorecieron la propuesta republicana (PRO), partido derechista del alcalde de Buenos Aires Mauricio Macri, que ganó un escaño en el Senado en Buenos Aires, donde no se había postulado antes. Macri utilizó la victoria electoral para lanzar formalmente su campaña presidencial.
Daniel Scioli, gobernador a favor del gobierno de la provincia de Buenos Aires, que también tiene ambiciones presidenciales dentro del frente electoral FPV, también opta por la lucha contra la delincuencia y por un programa de libre empresa.

Estas resultados son un reflejo de una polarización cada vez mayor de la sociedad argentina, y de una profunda crisis de todo el sistema político e instituciones.
Además de las diversas oposiciones de derecha se preparan para una transferencia del poder en el 2015, el FIT, o Frente de Trabajadores de Izquierda, que consta de tres partidos que se llaman trotskistas, obtuvo más de 1.3 millones de votos y más del 5 por ciento de los votos. Obtuvo tres escaños en la Cámara de Diputados. En la provincia norteña de Salta, la FIT capturó casi el 20 por ciento de los votos poniéndose por delante de los peronistas. En Mendoza, en la parte centro occidental del país, recibió más del 14 por ciento de los votos.

Formado a principios del 2011, la FIT se inició como bloque electoral entre tres organizaciones: el Partido de los Trabajadores (PO), liderado por Jorge Altamira y dos organizaciones surgidas de la desintegración del movimiento dirigido anteriormente por el difunto Nahuel Moreno; el Partido de los Trabajadores socialistas (PTS); y la Izquierda Socialista (IS). Esta alianza electoral pragmática surgió de preocupaciones entre estas organizaciones independientes de ser excluidas por los cambios en las leyes electorales de la Argentina de que las partes requeridas deberían un mínimo del 1.5 porciento en elecciones preliminares con el fin de calificar para la elección general.

La tendencia morenista tiene una trayectoria política larga y sórdida en Argentina. Se adaptó totalmente al peronismo en la década de 1950 y luego al castrismo en la década de 1960 (en un tiempo colocó las fotos de ambas figuras en la cabecera de su periódico). Ayudó a preparar la trágica derrota de la clase obrera por la junta militar en 1976, dándole ilusiones al guerrillerismo pequeño burgués, y al mismo tiempo prometiendo su apoyo al gobierno peronista, antesala del golpe militar fascista.

En la década de 1980, el MAS, o Movimiento al Socialismo, formó alianzas electorales con los estalinistas del Partido Comunista de Argentina a través de un "Frente del Pueblo" (FREPU). Después de la muerte de Moreno en 1987, el MAS se dividió en unos 20 grupos separados.

A pesar de que el voto por el FIT refleja una creciente radicalización de los trabajadores argentinos, en sí la existencia de propio frente electoral amenaza con reagrupar la izquierda argentina sobre cimientos reformistas y con una perspectiva parlamentaria que sólo puede servir como un obstáculo en la preparación para una verdadera dirección revolucionaria de la clase obrera para las convulsiones sociales que están por venir.

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