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Maduro juramentado como presidente en Venezuela; la derecha pide recuento de votos

Por Nick Beams
2 Mayo 2013

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Este artículo apareció originalmente en nuestro sitio en inglés el 20 de abril, 2013.

El viernes pasado, Nicolás Maduro, quien Hugo Chávez había elegido personalmente como su herederor, participó en su ceremonia de juramentación, justamente un día después del Consejo Nacional Electoral (CNE) del país anunciar que obedecería las exigencias de la oposición derechista para una auditoría completa del voto presidencial el 14 de abril.

El discurso que Maduro pronuncio después de su juramentación fue largo y digresivo. Combinó promesas de completar la "revolución socialista" en Venezuela con súplicas a los capitalistas del país para que cooperaran con el desarrollo de la economía. Admitió que solo el día antes le había extendido la mano a "nuestros propios comerciantes". Anunció que su gobierno se encontraba bosquejando planes para desarrollar zonas económicas especiales en las que el capital "público, privado, nacional e internacional" colaborarían con "flexibilidad". También declaró que consideraba el ejemplo de la Provincia Guangdong-que tiene la mayor cantidad de billonarios en China lado a lado con los trabajadores más explotados-"muy interesante".

En cierto momento del discurso, un joven salto sobre la plataforma y le arrebató el micrófono de la mano antes de ser sacado del lugar a fuerzas. "Ha fallado la seguridad. Me podía haber dado un tiro".

La decisión de la CNE el jueves fue en reacción a una solicitud formal por parte del candidato derechista, Henrique Capriles, y la coalición que los respaldaba, la cual se conoce como MUD.

Inicialmente, Maduro había indicado su apoyo a semejante auditoría del voto del 14 de abril, en el cual el margen de su victoria, en comparación a la de Chavéz en contra de adversarios similares apenas llegó a dos dígitos (1,8 por ciento), o sea, por menos de 275,000 votos en un total de 15 millones. Pero entonces cambió de postura política y se opuso a la medida.

El cambio para respaldar la auditoría completa (el 54 por ciento de las urnas ya habían sido inspeccionado durante el cuento de voto durante las elecciones) parece haber sido una decisión bien calculada de ambas facciones de la burguesía venezolana-los chavistas y la derecha respaldada por Estados Unidos-de lavarse las manos de una confrontación violenta que había ocurrido después de las elecciones en que ocho personas murieron, decenas quedaron heridas, y por los menos 150 fueron arrestados.

Inmediatamente después de las elecciones ser declaradas a favor de Maduro, Capriles exortó a sus partidarios que se echaran a las calles para "defender su voto" y marchar a las oficinas locales del CNE. La reacción al llamamiento resultó en manifestaciones violentas, inclusive en varios de los vecindarios más adinerados de Caracas, así como también ataques por bandas fascistas contra los partidarios de Maduro, clínicas de salud del gobierno, oficinas gubernamentales y los hogares de funcionarios del estado.

Maduro lanzó la acusación que la derecha estaba tratando de montar un golpe de estado respaldado por Washington, y anunció que el gobierno no permitiría una manifestación de masas convocada por Capriles para el miércoles en la capital venezolana.

Capriles trató de desvincularse de la violencia y le instó a sus seguidores que no marcharan y se quedaran en sus casas e hicieran cacerolazos; es decir, bulla con ollas y sartenes. Acusó al gobierno y sus partidarios de querer provocar una confrontación.

Capriles aceptó la decisión del CNE para una auditoría completa de las papeletas de voto, aunque previamente había exigido un recuento de voto por voto. Aseguró que la auditoría confirmaría los cargos de "fraude" que había hecho, pero ni El ni sus partidarios han podido presentar ninguna evidencia objetiva al caso.

En gran parte, las objeciones de la derecha reciben su ímpetu de Washington, que rehúsa reconocer la elección de Maduro.

Dirigiéndose al Comité sobre Asuntos Externos de la Cámara de Diputados el jueves, John Kerry, Ministro de Relaciones Exteriores, repitió las exigencias de la derecha al decir que "Creemos que debe haber un recuento. No sé si eso va a pasar".

Reiteró que el gobierno de Obama todavía no había decidido si reconocer al gobierno de Maduro o no. "Obviamente, si existen anomalías, vamos a tener dudas serias acerca de la viabilidad de ese gobierno", puntualizó Kerry.

Maduro reaccionó a las palabras de Kerry desde el Palacio de Miraflores en Caracas: "Es obsceno el intervencionismo de los Estados Unidos en los asuntos internos de Venezuela… ¡Saque usted sus ojos de Venezuela, John Kerry!, ¡Fuera de aquí!",

Pudo haber añadido, "Te equivocaste de país y has llegado nueve años demasiado tarde". Si Kerry fuera serio acerca de la santidad de las elecciones y el recuento de votos, debió haber exigido una recuento en el estado de Ohio en 2004, cuando fue el candidato Demócrata para la presidencia de Estados Unidos.

¿En qué fundamentos se puede basar Washington para darle a Venezuela una cátedra acerca de elecciones? En 2000, su Corte Suprema instaló a George W. Bush como presidente permitiendo el fraude electoral y la supresión de votos con la complicidad despreciable del Partido Demócrata y su candidato, Al Gore.

Maduro y sus partidarios han comparado la manifestación que la derecha había convocado para el miércoles a otra manifestación de masas organizada contra Chávez el 12 de abril, 2002. Estados Unidos se aprovechó de la violencia que resultó y la usó como pretexto para respaldar un golpe de estado que brevemente sacó a Chávez de la presidencia y lo puso en la cárcel. Pero unidades militares leales y manifestaciones populares lograron su libertad y éste regresó al poder.

No se excluye que la historia vuelva a repetirse, pero por el momento los militares, quienes poseen un enorme poder dentro del gobierno creado bajo Chávez, han indicado que apoyan a Maduro y a los resultados de las elecciones.

No obstante, la derecha se siente fortalecida políticamente, y con el respaldo de Estados Unidos continuará sus esfuerzos para desestabilizar y tumbar al gobierno de Maduro.

La vertiginosa caída del voto para el partido en el poder de Chávez y Maduro no es fundamentalmente un asunto de personalidades o de que a Maduro le falta la carisma de su predecesor, como han sugerido sectores de la prensa burguesa.

Más bien refleja el descontento creciente de capas de la clase trabajadora y otros sectores de la población que anteriormente habían apoyado al chavismo, pero en estas elecciones el voto por Capriles fue un voto castigo en protesta contra la política del gobierno. La tasa de inflación está en el 25 por ciento, hay una escasez creciente de necesidades básicas, y devaluaciones de la moneda en marzo que resultó en la caída precipitosa de los salarios reales, aún cuando las ganancias de los bancos y las empresas, además de la riqueza y corrupción de la presunta boliburguesía, aumentaron bajo el auto denominado gobierno "socialista".

Los resultados de las elecciones ponen en relieve las divisiones que existen en el partido gobernante de Venezuela: Partido Socialista Unido de Venezuela-PSUV). El hombre que le puso a Maduro el cinto presidencial el viernes, Diosdado Cabello, es presidente de la asamblea nacional y se le considera ampliamente como rival político del nuevo presidente electo. Luego de las elecciones, escribió por Tweet que era necesario hacer la "profunda autocrítica nos obligan estos resultados. Busquemos nuestras fallas hasta debajo de las piedras".

Ex oficial del ejército y, según los rumores, uno de los individuos más ricos del partido gobernante, está fuertemente vinculado a los militares y a las capas de capitalistas venezolanos que han apoyado al chavismo.
Tanto las presiones externas como internas empujarán al gobierno de Maduro más hacia la derecha y una confrontación con los trabajadores venezolanos. La cuestión decisiva en las luchas venideras es lograr y establecer la independencia política de la clase trabajadora y una nueva dirigencia revolucionaria.

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