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Correspondencia

Observaciones de una visita a Cuba

24 Abril 2013

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José es un taxista que trabaja en La Havana. Mientras baja su tono para contarme su disatisfacción con la situación de su país -entre otras cosas- me pide que seamos cautelosos. No quiere que nadie los escuche afuera de su taxi.

Este hombre obeso de treintitantos años estudio una vez para ser Ingeniero de Telecomunicaciones. "Obtuve un 'certificado de oro' para estudiar lo que quisiera y elegí eso", dice con un suspiro. Explica que esta es la única forma con la que él puede lidiar con un problema que no es nada cubano, la falta de empleos. Con 600 pesos compró este carro- Cuenta que en Cuba "hacer taxi o tener un café resulta ser mucho más rentable que trabajar en lo que estudiaste". Otra manera de obtener ingresos más altos -pero mucho más difícil- es trabajar para el gobierno pero, como José me explica, "todos los que trabajan para el gobierno le roban al gobierno".

Mientras paseamos en su taxi miro por la ventana y encuentro que Cuba, al menos superficialmente, no se distingue mucho del resto de Latinoamérica. La riqueza y la miseria conviven en esta isla como en cualquier otro país de la región.



Sin embargo, la diferencia más grande de todas es la pretensión de que el actual régimen en Cuba representa una alternativa socialista.

Aproximadamente cinco décadas atrás esta pretensión fue promovida por una tendencia oportunista dentro de la Cuarta Internacional, el partido mundial de la revolución socialista, el cuál elogió los cambios que la Revolución Cubana brindó al país como una nueva forma de socialismo que no requería la participación revolucionaria activa de la clase trabajadora.

El Comité Internacional de la Cuarta Internacional desató una feroz guerra de principios contra esta tendencia -el Pablismo- y su declaración de que Cuba se había vuelto un "estado obrero" socialista. Defendió los verdaderos principios del Marxismo cuando reinaba la adaptación oportunista a la tendencia del Castrismo y el Che Guevara y sus tácticas guerrilleras.



El Comité Internacional de la Cuarta Internacional desató una feroz guerra de principios contra esta tendencia -el pablismo- y su nombramiento de Cuba como un socialista "estado obrero deformado" y defendió los verdaderos principios del marxismo en un tiempo en el cual reinaba la adaptación a la tendencia pequeño burguesa de Castro y el Che Guevara y sus tácticas guerrilleras.

Estando en Cuba, decidí ver por mí mismo el resultado final del "camino cubano al socialismo" que el pablismo promocionó por toda América Latina e hizo que toda una generación entera "de jóvenes latinoamericanos fueran al matadero creyendo que todo lo que se requería para derrocar gobiernos y terminar la opresión social era el coraje y unas cuantas armas" (1).

"Este es el municipio de Miramar", explica José. Se encuentra en la periferia de La Havana y es el que alberga la mayoría de hoteles cinco estrellas. Desde la caída de la URSS y el comienzo del "régimen especial", el turismo conforma uno de las principales formas de ingreso en Cuba. "El turismo es el trabajo más buscado por todos, pero para alcanzarlo es difícil, saber varios idiomas y no poseer registro criminal" dice José, quién asegura él mismo hablar con fluidez italiano y alemán.

Algunos de estes hoteles pertenecen a la era en que EE.UU. convirtió al país en su resort de placer privado. Legendarios gangsters como Meyer Lansky y Lucky Luciano invirtieron para convertir a la isla en un "gigante casino flotante".

Hoy, la clase gobernante de Cuba parece ansiar aquellos años de derroche e inversiones sin fin. El Club Tropicana, el famoso cabaret -y antes casino administrado por la Mafia-, ha sido renovado y es una de las principales atracciones de La Havana, cuyo show, no obstante, posee un agrupamiento de cantautores y bailarines excepcionales y talentosos.

"Hay mucha inversión española, italiana, de Europa". "¿Y de China?" pregunto. "Sí, de China también. Se importan muchos carros". Dejamos Miramar y entramos a "La Havana Vieja". Edificios antiguos y decaídos que están a punto de caerse se abren paso mientras José me explica que estás calles "no son buenas". Una vez más, no hay casi nada que pueda diferenciar estos paisajes de miseria urbana del resto de otros países "capitalistas" latinoamericanos.



Cada vez más los limitados logros nacionalistas de la revolución -elogiados como parte del carácter "socialista" del régimen por los pablistas- que sobrevivieron al colapso de la URSS están desapareciendo simultáneamente con la contrarrevolución social en Europa Occidental y EE.UU. José ahora me habla de la insuficiente bolsa de comida que el estado otorga mensualmente: una bolsa de lentejas, una bolsa de arroz y una botella de leche, entre otras cosas. "Pero no tienes que pagar por ello ¿no?". "No", reponde." Sí tienes que pagar por ello". La carne de vaca se encuentra prohibida, además dice.

Llegamos a mi destino: el "Museo de la Revolución". Antes de ella era la sede del palacio presidencial y eso lo prueba los huecos de bala en las paredes de marmol en la entrada. Resulta que durante la era de Fulgencio Batista -el último gobernante antes de Castro- grupos nacionalistas cubanos intentaban derrocar al poder por medio de ataques militares a sedes del gobierno y el ejército. Las acciones guerrilleras de Castro nunca fueron las únicas en Cuba.

Compuesta de varias salas en las que se narra mediante documentos, artefactos y periódicos la preparación antes y durante la revolución, el "museo" es en realidad otro vehículo para la mitologización de esta era que, comprensiblemente, los cubanos ya reciben con un hartazgo silencioso.

Sin embargo, había un punto que remarcar: la completa ausencia en todas estas salas de alguna referencia al marxismo como teoría y práctica durante la preparación del derrocamiento del estado por Fidel Castro y sus guerrillas. Y es que una verdadera revisión clasista de la revolución jamás podrá encontrar en estos eventos la más mínima evidencia de que el liderazgo del Movimiento 26 de Julio de Castro instruyó a la clase obrera cubana con las armas teóricas del marxismo para derrocar a la dictadura de Batista y alcanzar el poder.

En este asunto los pablistas cubrieron al régimen argumentando una nueva "realidad" en la cual líderes ajenos al proletariado -ya sea Perón, Castro, los Sandinistas o Chávez en épocas más recientes- podían alcanzar el poder para luego implantar el socialismo desde arriba y otorgar órganos de poder obrero -soviets- a los trabajadores. En los cincuenta años de la historia del castrismo nada de esto llegó.

"Cuando ocurre una protesta, la policía se viste de civil y ataca con todo lo que tiene a los manifestantes", dice José.

Antes de despedirme de él, me cuenta que está preparando su visa para irse a vivir a España con su familia. En los últimos meses se ha otorgado nuevas facilidades para obtener una salida del país. Le deseo buena suerte y salgo de su carro.

A.C.

1. El Castrismo y la política del nacionalismo pequeño-burgués

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