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México: Enrique Peña Nieto gana las elecciones presidenciales

Por Rafael Azul
12 Julio 2012

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(Please leave this blank) De acuerdo a un conteo de voto preliminar, Enrique Peña Nieto, 45, ex gobernador del estado de México, parece ser el vencedor de las elecciones presidenciales del 1 de Julio. El partido de Peña Nieto, Partido Revolucionario Institucional (PRI), también ganó mayoritariamente en la legislatura federal.

En la mañana del lunes, el Instituto Federal Electoral (IFE) reportó los siguientes totales: Peña Nieto recibió más de 18 millones de votos, 38.02 por ciento; Andrés Manuel López Obrador del Partido de la Revolución Democrática (PRD) recibió 31.73 por ciento; Josefina Vásquez Mota del Partido de Acción Nacional (PAN) 25.44 por ciento; Gabriel Quadri del Partido de la Nueva Alianza (PANAL) 2.3 por ciento; y 2.41 por ciento de los votos fueron inválidos.

Junto con un nuevo presidente, los votantes mexicanos también eligieron 200 miembros de la Cámara de Diputados (la cámara baja de México) y a 168 senadores. Nuevos gobernadores fueron elegidos en seis estados y un nuevo alcalde en la Ciudad de México. Parece también que el PRI ganó mayorías en la Cámara de Diputados y en el Senado.

El presidente Felipe Calderón—quién ganara en el 2006 como candidato del PAN—inmediatamente reconoció la victoria del PRI y prometió una transición "ordenada, transparente y eficiente" durante el período previo a la inauguración del nuevo presidente el 1ro. de Noviembre. "Quiero sinceramente felicitarlo", declaró sobre Peña Nieto.

El PRD retuvo control del segundo cargo más poderoso del país: la alcaldía de la Ciudad de México—la capital y la ciudad más poblada—pasó a Miguel Ángel Mancera, quién obtuvo más del 60 por ciento del voto, asegurando así ser el sucesor de Marcelo Ebrard, también del PRD.

La elección tomó lugar en medio de acusaciones de fraude electoral y la creciente guerra contra las drogas. El presunto fraude consistió en la pérdida de votos y de locales de votación que no abrieron en el tiempo indicado. Oficiales del PAN declararon de se sospecha que unas 15,000 locales de votación—los denominados "focos rojos"—fueron comprados principalmente por el PRI. El líder del PAN, Gustavo Madero, hizo un llamado a las autoridades federales para que se mantuvieran vigilantes.

De acuerdo a una encuesta de La Jornada—diario de la Ciudad de México—el 70 por ciento del público cree que estas elecciones fueron fraudulentas. Mientras los resultados fueron conociéndose, manifestantes de #YoSoy132 comenzaron a reunirse en las oficinas del IFE en varias ciudades para protestar contra los casos de compra de votos y de prevenir a ciertos votantes a que voten.

México tiene una larga historia de manipulación de votos. López Obrador planteó la cuestión durante las últimas semanas y acusó al PRI de dar regalos con tal de seducir a algunos electores para que elijan a sus candidatos. El candidato acusó a los funcionarios del PRI de gastar $5 millones en la compra de tarjetas de débito para distribuirlas entre la población.

No obstante a pesar de las acusaciones, la victoria de Peña Nieto es consistente con las encuestas, las cuales le dieron el primer lugar desde el comienzo de la campaña hace tres meses, aunque su margen se haya reducido considerablemente del 30 por ciento a un poco más del 5 por ciento.

El sistema electoral mexicano concede la presidencia al candidato que obtenga una pluralidad de votos, incluso si ésta consiste de menos de una mayoría del 50 por ciento. Este sistema difiere del de Francia, donde no hay segunda vuelta.

La victoria del PRI ha resultado de la enorme hostilidad popular al PAN, el cual ha mantenido la presidencia desde el 2000 y dejado a la mayoría de la clase trabajadora peor que antes. A pesar del apoyo del saliente presidente, Felipe Calderón, Vásquez Mota ganó sólo un cuarto de los votos el 1ro. de julio, representando apenas el 15 por ciento de la población mexicana.

Tan desacreditado es el gobierno de Calderón que secciones del PAN, incluyendo al ex presidente Vicente Fox y Manuel Clouthier, hijo y heredero del fundador y veterano jefe del partido, rompieron con su partido y apoyaron al PRI y al PRD, respectivamente.

Al describir el historial del PAN, un trabajador declaró al New York Times: "Los ricos están más ricos, los pobres más pobres; el resto de nosotros está en el medio, estamos sobreviviendo apenas". Lo que significa "sobrevivir apenas" lo sugieren cifras de un censo que muestra que el 57 por ciento de los trabajadores mexicanos gana menos de $13.50 al día. 52 millones de mexicanos viven bajo la línea oficial de la pobreza, 12 millones más que la última década.

El resultado no significa para nada que es una muestra de apoyo al PRI, el cual es ampliamente vilipendiado como corrupto y autoritario, o por Peña personalmente, quien millones consideran títere del monopolio de los grandes medios y del puñado de multimillonarios mexicanos. Mientras más se alargó la campaña, más Peña Nieto caía en las encuestas y, al final, más de 60 por ciento de los electores se opusieron a él.

El giro hacia la derecha del PRD durante los últimos seis años contribuyó enormemente a que el PRI retornara exitosamente al poder. Las diferencias programáticas entre los candidatos en pugna fueron bastante inverosímiles. En los últimos seis años el PRD y López Obrador se alejaron de la retórica populista-izquierdista de la campaña del 2006, por momentos aliándose al PAN en elecciones estatales.

Para López Obrador, esta estrategia cosechó el apoyo de intereses empresariales con sede en la ciudad de Monterrey. Un importante sector de industrialistas en esta ciudad norteña cambió su apoyo del PAN al PRD en estos comicios. Algunos, tales como Alfonso Romo, jefe del Grupo Pulsar, apoyaron a Calderón en el 2006 y condenaron a López Obrador como "peligro para México"

Cristina Sada Salinas, también procedente de Monterrey y cuya familia es dueña de industrias textiles y varias otras, ahora se lanza al Senado como candidata perredeísta. "No podemos tener otros seis años de esta decadencia", declaró Sada. El apoyo de la élite de Monterrey—de las más conservadores de todo México—a López Obrador indica que el PRD, el cual hizo un llamado a la unidad nacional bajo el eslogan "amor no balas", se ha desinfectado..

Las victorias del PRI en la legislatura y la elección de Peña Nieto representan un gran retorno del PRI, el partido que controló la rama ejecutiva de México por 71 años, desde 1929 al 2000. El colapso del PRI aquel año fue el resultado de serias divisiones internas.

El partido se fundó en 1929 como extensión de la Revolución Mexicana (1910-1917). Efectivamente subordinó a la sociedad mexicana, y a sus clases competidoras, al dominio de la burguesía nacional. Al mismo tiempo mantuvo cierto grado de independencia de los Estados Unidos, a pesar del abrumador dominio político militar y económico del imperialismo estadounidense en la región.

A finales de los ochenta, ante los martillazos de la globalización y la presión económica cada vez mayor de los Estados Unidos—la cual finalmente se manifestó en el tratado TLCAN—las estructuras corporativistas que le permitieron al partido atenuar la lucha de clases, subordinarla al capitalismo nacional y al ejército, comenzaron a quebrantarse y el PRI giró drásticamente a la derecha, adoptando las prescripciones de economistas neo-liberales de desmantelar las empresas estatales y las reformas sociales.

Los "cuatro pilares" corporativistas del PRI (las grandes empresas, los sindicatos obreros, los agricultores y los militares) sólo fueron elogiados cuando las empresas multinacionales y las instituciones financieras exigieron y lograron que las industrias estatales, tales como los ferrocarriles, las empresas de servicios públicos y de acero, se desmantelaran. La erosión de su base institucional finalmente produjo la debacle del 2000, en el cual hasta el PAN más derechista llegó al poder bajo Vicente Fox.

Que el PRI retornase al poder el domingo es signo de la magnitud de la crisis socio-económica del momento que tiene en sus garras a México. En términos políticos, el partido continúa bajo el dominio de la facción de extrema derecha que promueve el libre mercado, conocida infamemente en Latino América como los "Chicos de Chicago" o los "técnicos".

A pesar de las promesas demagógicas de sueldos más altos, más empleos y menos violencia callejera—El País de Madrid lo llamó una lista de deseos navideña—un gobierno bajo Peña Nieto no representa ningún cambio para México. Durante la campaña el candidato dejó claro que sus promesas de más empleos y mejores estándares de vida estaban vinculados a los incrementos de la productividad que, a su vez, dependerán de reformas laborales de mercado; reformas que darían a las compañías privadas flexibilidad en contrataciones y despidos.

La economía mexicana está vinculada a los EE.UU. y, a un menor grado, a España y a la euro zona. Una recesión de la economía estadounidense y el colapso continuo en Europa en conjunto lanzarían un serio golpe a las exportaciones, empleos y estándares de vida en México.

 



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