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El asesinato de Osama bin Laden: El "momento histórico" de Obama

Por David North
6 Mayo 2011

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De todas las imágenes que han surgido de los hechos moralmente obscenos de la noche del domingo, la más importante políticamente, que uno tiene razones para creer que se recordará como la fotografía oficial publicada por la Casa Blanca, es la del presidente Barack Obama, el vicepresidente Joseph Biden, la secretaria de Estado Hillary Clinton, el secretario de Defensa Robert Gates y otros altos funcionarios del gobierno de Estados Unidos sentados juntos en la sala de comando para observar el asesinato de Osama bin Laden y otros seres humanos, entre ellos una mujer.

Normalmente, los testigos de una ejecución no son fotografiados. Pero la Casa Blanca claramente quería que este "momento histórico" fuera capturado para la posteridad. Los ojos de todos los participantes en este macabro cuadro—con la excepción de un militar que está trabajando con su computadora—parecen enfocados en una pantalla de televisión. Obama, inclinándose hacia adelante, presenta una cara de piedra mientras mira fijamente. Gates lleva la expresión agria de un hombre que está muy familiarizado con este tipo de operaciones. Hilary Clinton tiene la mano derecha sobre su boca, un gesto que revela el horror de lo que se está desarrollando ante sus ojos.

Después de bin Laden había sido ejecutado, la Casa Blanca y los medios de comunicación no perdieron tiempo en organizar la celebración de lo que fue, de hecho, un asesinato de estado ilegal. La noche del domingo, el presidente eligió el Salón Este para informar a la nación de la muerte de Bin Laden.

Desesperadamente ansiosos de asociarse con la muerte, sin duda, Obama cree que este es el momento que "define" su presidencia. Pero, ¿qué dice este acto—entusiastamente aprobado por los medios de comunicación—sobre el estado político y moral del gobierno de los Estados Unidos?

Las escenas que siguieron al anuncio del asesinato de Bin Laden—o, para ser más precisos, reportadas y alentadas por los medios de comunicación—han sido grotescas y degradantes. Los gruñidos de "USA! USA! ", un canto que era desconocido en los Estados Unidos hasta que fue incitado por el chovinismo asqueroso de comentaristas deportivos que deshonrado los Juegos Olímpicos de 1984 en Los Ángeles, ha asumido en el último un cuarto de siglo el carácter de un ritual público. Por supuesto, muy pocas personas están involucradas en tales exhibiciones de atraso político. Pero ellos son elevados y promovidos por los medios de comunicación para intimidar al público, suprimir el pensamiento crítico, y fomentar un sentido de aislamiento político y emocional entre todos los que no están dispuestos a renunciar a sus principios democráticos e integridad moral.

A estas alturas, ¿qué palabras se pueden usar para describir a los medios de comunicación en los Estados Unidos? La respuesta a la muerte de Bin Laden expone una vez más el grado en que ha sido prácticamente anulada la distinción entre las noticias y la propaganda. En un comentario espontaneo, mientras esperaban el discurso de Obama, el principal reportero de CNN, Wolf Blitzer, informó a su audiencia que la cadena había recibido un mensaje de la Casa Blanca felicitando a CNN por su "responsable" cobertura de los acontecimientos. Este agasajo, que avergonzaría a un periodista serio, fue motivo de orgullo para Blitzer.

La primera plana del New York Times del martes lleva como titular: "Detrás de la cacería de Bin Laden" El artículo que sigue no es una noticia de primicia, sino más bien una obra de propaganda y adulación. Leemos: "Para una comunidad de inteligencia que había soportado la crítica punzante de una serie de fallas de inteligencia en la última década, la muerte de Bin Laden representó una medida de la redención. Para un militar que ha pasado por dos, y ahora tres guerras vejatorias en los países musulmanes, representó un éxito sin par. Y para un presidente cuyo liderazgo de nacional seguridad ha sido puesto en duda, resultó un momento afirmativo que entrará en los libros de historia."

Esto en cuanto a un examen crítico de la ilegalidad manifiesta de la incursión en Pakistán y el asesinato en sí, y sobre una investigación del caudal de contradicciones y preguntas sin responder planteadas por la versión del gobierno de Obama de los acontecimientos. De hecho, las alegaciones iniciales de que bin Laden había muerto fusil en la mano fueron refutadas por informes posteriores, diciendo que estaba desarmado cuando fue baleado a muerte.

La editorial del Times no es menos festiva. Comienza así: "La noticia de que Osama bin Laden ha sido localizado y asesinado por las fuerzas estadounidenses nos llena, y a todos los estadounidenses, con un gran sentido de alivio."

Aparte de la presunción injustificada del Times que habla de "todos los estadounidenses," ¿por qué la muerte de un hombre que ha estado en la clandestinidad durante una década y que fue, como es casi universalmente reconocido, incapaz de influir de manera significativa, por no hablar de dirigir eventos, producir "alivio"? ¿Por qué el "alivio" por su muerte es mayor que la honda preocupación que debe despertar de las consecuencias de largo alcance y de larga duración del asesinato extrajudicial de un individuo en manos de los Estados Unidos? No es sorprendente que el Times ignore que le ejecución de Bin Laden se produjo justo un día después de que los Estados Unidos y la OTAN mataran a un hijo y tres nietos de Muammar Gaddafi, en un intento fallido de asesinar al líder libio.

Los medios de comunicación proclaman una y otra vez el "histórico" significado de la muerte de Bin Laden. No ha podido, sin embargo, explicar precisamente por qué este evento es de tal importancia monumental. Ni Obama ni los medios de comunicación han tratado de sugerir que la muerte de Bin Laden pondrá fin a las guerras y ocupaciones en los que los Estados Unidos está comprometido. Todo lo contrario: el New York Times declaró, en el mismo citado editorial: "A pesar de que ahora podemos respirar un poco mejor, también debemos recordar que la lucha contra los extremistas está lejos de terminar." En otras palabras, las guerras continuarán. Pronto econtraran, o inventaran, otro espantajo para que tome el lugar de bin Laden.

El mal uso del término "histórico" para describir la matanza del domingo no es simplemente un ejemplo de la exageración periodística. Expresa la delirante creencia de la clase gobernante de Estados Unidos que puede, a través de actos de violencia indiscriminada, determinar el curso de la historia.

Pero el curso de la historia está determinado por procesos económicos y sociales que son mucho más poderosos que el ejército estadounidense.

La decadencia inexorable del capitalismo norteamericano continúa. Durante los últimos 20 años, a pesar de la interminable serie de enfrentamientos militares y guerras, no ha sido posible para la clase dominante restaurar la situación económica mundial de los Estados Unidos. Durante la semana que precedió a matanza de bin Laden, el dólar de EE.UU. cayó a mínimos históricos.

El capitalismo norteamericano sigue estancado en la peor recesión económica desde la Gran Depresión. El gobierno federal se tambalea al borde de la quiebra. Los estados no tienen los recursos económicos. La infraestructura social se está desmoronando. La codicia, la corrupción y el parasitismo de los súper ricos están provocando una creciente indignación popular. Pero el sistema político es incapaz de responder a las demandas populares de reforma social y alivio económico.

Al igual que con muchos de los eventos anteriores considerados como "históricos" por los presidentes estadounidense y los medios de comunicación—la captura de Saddam Hussein estando entre los más recientes—ésta también será superada rápidamente por las consecuencias imprevistas de las decisiones imprudentes de las que surgió. El "momento histórico" de Obama pronto pasará a ser sólo un sórdido episodio más de la putrefacción política, económica y moral de la clase gobernante de los Estados Unidos.

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