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Los Estados Unidos, Egipto y la Lucha por el Socialismo

Por la Junta Editorial del Socialist Web Web Site
01 Febrero 2011

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Las manifestaciones masivas de trabajadores y jóvenes a lo largo de todo Egipto han hecho tambalearse al régimen apoyado por los EE.UU. del dictador Hosni Mubarak. Cientos de miles que salieron a las calles para demandar la renuncia del presidente, denunciar la pobreza y el desempleo masivo, se enfrentaron a la policía e incendiaron las oficinas del gobernante Partido Nacional Democrático.

Las protestas tomaron lugar tan solo dos semanas después que manifestaciones similares forzaron la salida del país del dictador, Zine El Abidine Ben Ali en Tunes, otro gobierno que también contaba con el apoyo de Washington. Igualmente, grandes manifestaciones han tomado lugar en otros países de la región, incluyendo Yemen, Jordania y Argelia.

Como todo alzamiento revolucionario, los desarrollos en Egipto están desmintiendo mitos y mentiras, incluyendo las falsas afirmaciones de la elite gobernante norteamericana de sembrar la democracia en todo el mundo. Estos desarrollos desenmascaran el papel jugado por el gobierno norteamericano como el promotor de la reacción en todo el Medio Oriente y el Norte de África.
Desde los inicios del levantamiento, el gobierno de Obama ha manifestado su apoyo por Mubarak y el régimen egipcio, uno de sus aliados más importantes en la región.

En medio de la revuelta popular, el presidente Obama dedicó su discurso del viernes por la noche a defender a Mubarak. En un día en que por lo menos una docena de personas murieron a manos de la policía de Mubarak, cientos más heridos y un número no especificado arrestados, Obama cínicamente pronunció que los EE.UU. hacía "un llamado a las autoridades egipcias para que no incurran en actos de violencia contra manifestaciones pacíficas."

Obama habló como si él fuera un inocente observador. Pero las porras, ametralladoras, gases lacrimógenos, cañones de agua y tanques usados por el gobierno egipcio para reprimir a su propio pueblo llevaban todos el sello, en algunos casos literalmente, "hecho en los EE.UU." Washington financia el aparato represivo egipcio al son de $1,5 billones anuales, siendo el segundo país beneficiado después de Israel.

Obama quiso darle al dictador egipcio lecciones de respeto a los derechos humanos el mismo día que Wikileaks hizo público cables del Departamento de Estado Norteamericano donde se revela que su gobierno estaba al tanto y en complicidad con el uso de torturas y asesinatos contra los oponentes Mubarak.

Obama reiteró la posición previamente expresada por otros altos funcionarios estadounidenses, que "aquellos que protestan en las calles tienen la responsabilidad de expresarse pacíficamente", como si fuera comparable la violencia de estado practicada por Mubarak con los intentos de trabajadores y jóvenes para defenderse.

El principal objetivo en las declaraciones de Obama es afirmar que su gobierno está decidido a continuar apoyando al dictador egipcio. Obama habló poco tiempo después que Mubarak se presentase en televisión y declarase que no renunciaría y advertia que impondría "seguridad" sobre el "caos". El anuncio que se formaría un nuevo gabinete y sus huecas promesas de reformas democráticas y el ampliar oportunidades económicas solo sirvió para incrementar el furor popular, resultando en mas gentes saliendo a las calles en desafió al toque-de-queda impuesto por los militares.

La verdadera posición de los EE.UU. a los desarrollos egipcios quedó clara en la declaración presidencial: "Los Estados Unidos tiene un aliado cercano en Egipto y hemos cooperado mutuamente en muchos asuntos."

En otras palabras, para Washington el gobierno egipcio odiado por su población es un crítico aliado estratégico. Esta declaración refuerza aquella hecha por el vicepresidente Joseph Biden, quien el jueves pasado dijo, en momentos que Mubarak se disponía a cerrar el acceso al Internet y desplegar fuerzas de choque especiales, que el presidente "ha sido muy responsable… de acuerdo a los intereses geopolíticos norteamericanos en la región."

Por "intereses geopolíticos", el gobierno estadounidense se refiere a su determinación de mantener su hegemonía en el Medio Oriente y el Norte de África, incluyendo las regiones con grandes reservas petrolíferas. Estados Unidos ha apoyado con ayuda y entrenamiento militar a los regímenes corruptos y dictatoriales de Egipto y a los jeques de Arabia Saudita y los estados productores de petróleo en el Golfo Pérsico.

Los EE.UU. ha trabajado sistemáticamente a través de operaciones cubiertas e encubiertas para minar cualquier gobierno que presente un potencial reto a sus intereses. En los últimos 10 años solamente, EE.UU. ha emprendido dos invasiones coloniales sangrientas en Afganistán e Iraq.
Egipto ha jugado un papel crítico en mantener el dominio norteamericano, particularmente desde que el predecesor de Mubarak, Anwar Sadat, firmara en 1978 el Acuerdo de Camp David con Israel. Al año siguiente, EE.UU. perdió un aliado clave con la caída del Sha de Irán. Desde ese entonces, los militares y aparato de inteligencia egipcio vienen trabajando estrechamente con EE.UU. e Israel para suprimir las luchas de las masas en la región.

Todo el enfoque de Washington a los eventos egipcios está guiado por un inmenso temor de que el resurgimiento de la lucha de clases en la región represente un enorme golpe a sus "intereses geopolíticos".

Así el gobierno de Obama este considerando si podrá dispensar de Mubarak, ya sea reemplazándolo directamente con los militares o una u otra figura de "oposición", también se sabe que la caída de Mubarak, a solo días de la huida de Ben Ali de Tunes, amenaza en convertirse en una revuelta popular capaz de englobar toda la región.

Los trabajadores del Medio Oriente y el norte de Africa han demostrado su enorme coraje y heroísmo. La lucha, sin embargo, esta aun en sus etapas iniciales. La cuestión crítica para la clase trabajadora es el desarrollo de un nuevo liderazgo y programa revolucionario. Sin éste, la elite gobernante en la región, en alianza con el imperialismo norteamericano, podrá reagruparse ya sea para mantener las actuales tiranías o para formar nuevos gobiernos igualmente comprometidos a defender el poder político existente.

Para llevar adelante esta lucha, se deben clarificar ciertas cuestiones básicas. Primero, no se puede tener ninguna confianza en cualquiera de los grupos de oposición, incluyendo la Hermandad Musulmana y Mohamed El Baradei, quien recientemente regresó a Egipto con la expresa intensión de prevenir que las protestas se conviertan en algo mayor. Todas estas agrupaciones e individuos, incluyendo a los corruptos sindicatos controlados por el estado egipcio, están comprometidos en defender el capitalismo egipcio y sus relaciones con el imperialismo.

Segundo, la expansión de la lucha requiere de la movilización independiente de toda la clase trabajadora, en condición de líder de las masas oprimidas en la región. La forma que tomó el levantamiento en sus inicios demuestra claramente que es clase social, y no religión, nacionalidad, raza o etnicidad, la división fundamental en cada país.

Es necesario por consiguiente rechazar a todos aquello que aconsejan limitar la lucha y buscar algún tipo de acuerdo con la actual antidemocrática estructura social y política, y que están haciendo llamados a los EE.UU. y al imperialismo mundial. El objetivo debe ser reemplazar el estado actual con un gobierno de trabajadores, controlado por nueva instituciones de democracia popular. Tal gobierno permitiría llevar a cabo medidas sociales, incluyendo la nacionalización de las principales corporaciones y los bancos.

Finalmente, se debe unir conscientemente la lucha de los trabajadores egipcios con los trabajadores de la región e internacionalmente. Como Trotsky explicara en su teoría de la revolución permanente, no puede haber solución, aun para las demandas democráticas más básicas, incluyendo poner fin a la dictadura, dentro del marco del sistema de estados-nacionales y el gobierno de la burguesía. El fracaso durante el siglo pasado de tantos movimientos populares en el Medio Oriente, incluyendo Egipto, se debió a su subordinación a la burguesía nacional, muchas veces acompañado de las traiciones por parte de las organizaciones estalinistas.

Las condiciones sociales que han inflamado las protestas son universales: la acumulación del odio debido a la pobreza y desempleo masivo, repudio a la corrupción y a la obscena acumulación de riqueza de la elite dirigente, la furia contra un sistema político represivo ignorante de las necesidades básicas de la población en general. Estas son las condiciones que prevalecen no solo en el Medio Oriente y los ex países coloniales, sino también en los principales países capitalistas.

La burguesía en todos los países-ante todo en Estados Unidos-está respondiendo a la ruptura mundial del sistema capitalista atacando brutalmente a su "propia" clase trabajadora. Esto significa que existen las condiciones objetivas, como nunca antes, para unir a los trabajadores y oprimidos en las ex colonias con sus hermanos de clase en los centros imperialistas.

El rol de los Estados Unidos en apoyando el gobierno de Mubarak confirma el hecho que cualquier resolución a la lucha de las masas egipcias es imposible sin la derrota del propio imperialismo. En cumplir esta tarea, el gran aliado del pueblo egipcio es la clase trabajadora norteamericana.

La velocidad con la que se han desarrollado las revueltas masivas, poniendo en cuestión la viabilidad de las estructuras imperialistas establecidas hace décadas, es un testamento al carácter explosivo de las tensiones sociales y de clase que hoy existen en todo el mundo. Se sigue profundizando la crisis del imperialismo mundial que se iniciara en 2008 y está claro que en 2011 ésta dará lugar a un periodo de levantamientos revolucionarios.

Se debe construir un nuevo liderazgo para dirigir estas luchas que esté conscientemente enraizado en las lecciones del siglo 20 y las perspectiva de la revolución socialista internacional-una perspectiva que hoy la defiende solo el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI). Hacemos un llamado a todos aquellos que buscan poner fin a la dictadura, desempleo y explotación en Egipto, Tunes y en toda la región a que asuman la lucha de construir secciones del CICI hoy.

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