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Alto a la represión del gobierno contra la juventud británica

15 Agosto 2011

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Sigue la declaración del Partido Socialista por la Igualdad de Gran Bretaña, publicada en nuestro sitio en el inglés original el 11 de agosto, 2011.

Si más bien la furia social que ha estallado en Londres y otras ciudades británicas durante los últimos días es elemental, ella desenmascara la pobreza atrincherada, la discriminación y los abusos brutales policíacos a los cuales muchos jóvenes obreros son sujetos a diario.

Todos los ámbitos políticos y la prensa han reaccionado como si fueran un coro de iglesia. Han excluido todo debate acerca de esas condiciones. Insisten en que los disturbios y los varios casos de saqueo son consecuencia de una gran "subclase criminal" de la juventud que "contagia" a muchos barrios pobres de las ciudades y los cuales hay que combatir despiadadamente.

Esto calumnia a la juventud. Aquellos que se han auto denominado guardianes de la moralidad y promueven esta mentira—hipócritas de primera categoría—no tienen ni siquiera dos dedos de frente para considerar la insinuaciones de sus propios embustes. ¿Con qué criterios se le puede juzgar a un sistema social que produce toda una generación de criminales?

La verdad es que durante 35 años la clase dirigente y sus representantes políticos han llevado a cabo una guerra contra la sociedad. Toda aspecto de la vida ha sido subordinado a los intereses de una élite gobernante parasítica que desbocadamente ha saqueado los recursos públicos, sembrando a su paso niveles de desigualdad y privación que baten el record.

La inmensa angustia que hoy día prevalece ha de empeorar dramáticamente. No es casualidad que la rebelión de los jóvenes haya estallado en medio de la debacle económica de los mercados de acciones por todo el mundo. La orgía de especulación y avaricia de una clase dirigente pequeña pero súper rica ha causado una catástrofe en la economía.

En Inglaterra como en demás lugares, la reacción de esta clase al colapso del capitalismo ha sido imponer medidas de austeridad que empobrecerán aún más a decenas de millones de gente. Esta política de guerra clasista subraya la reacción sanguinaria a los disturbios por parte de los ámbitos políticos burgueses y la prensa. Sólo tienen un objetivo: desencadenar a los elementos más reaccionarios y así justificar la represión estatal de las masas para lanzar ataques aún más draconianos contra las condiciones sociales.

He ahí la razón por la cual el Primer Ministro, David Cameron, recurre al "gobierno de la ley" para permitir el uso de cañones de agua y balas plásticas. Es exactamente la misma razón que el dirigente Laborista, Ed Miliband ahora exige que la "policía reaccione de la manera más intransigente posible". El Sr. Miliband pertenece al partido que, cuando tenía las riendas del gobierno, ayudó a crear las condiciones sociales espantosas contra las cuales hoy la juventud se rebela.

El cinismo y la hipocresía con que condenan la "criminalidad" y la "inmoralidad" de la juventud son sorprendentes.

Estas son palabras de los representantes de una burguesía que hoy día lleva a cabo guerras de agresión delictivas contra Irak, Afganistán y ahora Libia; guerras en que civiles inocentes son muertos a diario. Los mismo políticos—y empecemos con Cameron—que expresan sus opiniones elocuentemente acerca de la moralidad han quedado desenmascarados como siervos políticos del multibillonario y súper reaccionario Rupert Murdoch, cuya publicación, News of the World [Noticias del Mundo]), participó en actividades delictivas a nivel industrial, inclusive el soborno de la Policía Metropolitana, la cual es la misma institución que se ha desbocado por las calles de Londres para atacar a los jóvenes trabajadores sin impunidad.

No se ha tomado una sola medida contra Murdoch, ni contra sus jefes ejecutivos, ni contra los agentes de la policía que fueron sobornados. Y nadie la exige.

Los políticos de todos los partidos oficiales, así también como la prensa, tratan a Murdoch y a su hijo con servilismo. Y entre todas esas censuras al anarquismo y el caos, casi Mark Duggan, de 29 años de edad y padre de cuatro, quien fue acribillado a balazos por la policía el jueves pasado y cuyo asesinato desencadenó los disturbios y saqueos. Pero nadie aboga por llevar a la justicia a los agentes del "orden público" que lo asesinaron.

Ni tampoco ha habido la menor crítica de los arrestos en masa que toman lugar por todo el país. Hasta ahora casi 2.000 personas han sido arrestadas en enormes redadas policiales en que los jóvenes manifestantes han sido indiscriminadamente atacados y detenidos. Los tribunales permanecen abiertos toda la noche para enjuiciar a gente que se le ha imputado delitos menores. Y a muchos se les ha rehusado fianza.

Uno casi puede oler la peste a fascismo en la repetición de llamamientos a los "dueños de propiedad" y a los "ciudadanos de respeto" para que "se apoderen de las calles de nuevo" y se las arrebaten a los que se les llama "gatos asilvestrados". En una columna del Daily Mail, Max Hastings se refiere a los jóvenes que participaron en los disturbios como "bestias salvajes" que "sólo reaccionan con los impulsos instintivos de animales". A principios del Siglo XIX, continúa Hastings con una aprobación que no puede esconder, a las "clases marginadas" que "irregularmente causaban estallidos de violencia" se les "trataba con la fuerza y se les castigaba con sentencias extraordinariamente severas impuestas por la ley. Entre éstas, las principales eran la pena de muerte y el destierro a las colonias".

Pero el comentarista se queja con amargura que hoy todo es lo contrario. "Hoy día más las capas más bajas de la sociedad no se comportan mejor que sus antepasados, pero la ayuda del estado los ha salvado del hambre y la miseria".

Por un lado, la prensa burguesa "decente" difunde estas vilipendias racistas y fascistas, y por otro fuerzas derechistas, tales como el libertario Paul Saines, difunden peticiones electrónicas que exigen la restauración de la pena capital.

El parlamento que se ha reconvocado ya está alistándose para despojar a todos los desempleados que participaron en los disturbios de todos los derechos a programas sociales. Al mismo tiempo, el estado ahora se aprovecha de estos motines para poner a prueba medidas de contrainsurgencia dentro del mismo país, pues se prepara para las luchas mucho más populares de la clase trabajadora que estos acontecimientos presagian.

Las rebeliones de la juventud han logrado un objetivo ante todo: han sacado a luz del día la fisionomía despreciable y reaccionaria de aquellos que se consideran "liberales" y hasta "izquierdistas". Durante años, estos sectores privilegiados de la clase media se han adaptado fácilmente a la creciente desigualdad social. Son totalmente indiferentes al empobrecimiento de grandes capas de la población. Sus credenciales "progresistas" consisten únicamente en haber abogado por la política pequeño-burguesa basada en cierto estilo de vida y en varias formas de identidad étnica o racial y la orientación sexual.

Su reacción a las rebeliones en los centros de las ciudades les causa terror y odio. Ken Livingstone, del Partido Laborista y una vez conocido como "Ken el Rojo", fue entre los primeros en abogar por el despliegue de cañones de agua. Por otro lado, Miembros del Parlamento de descendencia africana y asiática, así como también varios "líderes de la comunidad" que se han aprovechado de la política racial para adelantar sus carreras y enriquecer sus cuentas bancarias, se han convertido en las voces más estridentes al insistir que la pobreza no es "excusa" para crear disturbios y que la policía tiene que responder con la fuerza.

Ian Dunt, editor de politics.co.uk, articuló la perspectiva semejantes sectores de la manera más explícita. Antes había escrito que "aquellos que nos consideramos partidarios de las libertades civiles veíamos con sospecha a individuos autoritarios que abogaban por la ley y el orden". Pero esa opinión ha pasado a la historia. Dunt continúa: "Seamos claros. Hemos echado un vistazo al derrumbe de la sociedad. Tenemos que mostrar que comprendemos la necesidad de imponer sanciones más severas porque verdaderamente se necesitan para proteger al público. De otra manera permaneceremos unos fanáticos sin ningún sentido de la realidad".

Declaraciones de esta índole dan testimonio a la tragedia política de la juventud. La indignación que ha mostrado no ha podido expresarse de ninguna manera organizada o progresista debido a la podredumbre total y el fracaso monumental del Partido Laborista y las varias tendencias "izquierdistas". No hay ningún principio fundamental entre estas organizaciones y el Partido Conservador y la derecha en general. Simplemente defienden a diferentes capas de la misma élite privilegiada.

En cuanto a los sindicatos obreros, estos han dedicado sus esfuerzos sistemáticos para sabotear y estrangular toda oposición al gobierno y a las medidas de austeridad que éste ha impuesto; esfuerzos que han jugado un papel estelar en aislar a la juventud, dejándola frustrada e indefensa.

El Partido Socialista por la Igualdad (PSI) inequívocamente repudia el ataque policial que ha sido desatado contra la juventud y exige el retiro inmediato de la policía antidisturbios de los sectores que ocupa. Aquellos que han sido acusados de delitos menores deben ser puestos en libertad inmediatamente sin ninguna repercusión.

Le decimos a la juventud: pueden obtener todos los recursos que necesitan para realizar vidas productivas a las cuales tienen todo derecho—empleos que pagan bien, la educación escolar libre, el acceso a la cultura, los deportes, ratos de ocio y otros servicios esenciales—pero sólo si desafían el monopolio que los súper ricos y sus tres partidos políticos (los Conservadores, los Laboristas y los Demócratas Liberales) ejercen sobre la sociedad.

Sus aliados en esta lucha es el pueblo trabajador de Inglaterra e internacional. La clase trabajadora, que es vuestra clase, es la única fuerza social capaz de derrocar el sistema capitalista y reorganizar la economía en base a las necesidades de la sociedad, no de las ganancias privadas.

A los trabajadores que verdaderamente se interesan en los derechos democráticos y en la lucha por la igualdad social le decimos: Defiendan a la juventud. Muéstrenles como salir del futuro espantoso—lleno de guerras, pobreza, desempleo—que el capitalismo ofrece.

Y a los trabajadores y a los jóvenes igualmente les decimos: Lean acerca del socialismo y estúdienlo. Aprendan la historia del movimiento marxista y luchen por establecer al Partido Socialista por la Igualdad como la nueva dirigencia revolucionaria de la clase trabajadora.

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