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Gobierno español usae las fuerzas armadas para destruir la huelga de los controladores de tráfico aéreo

Por Alejandro López y Alex Lantier
13 Diciembre 2010

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Este artículo apareció en nuestro sito en su inglés original el 4 de diciembre, 2010

Anoche las fuerzas militares españolas se apoderaron de diez aeropuertos después de que el Primer Ministro, José Luis Zapatero, del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), firmara un decreto dándole al Ministerio de Defensa el control total del espacio aéreo sobre España. Ayer por la noche, los controladores del tráfico aéreo lanzaron una huelga relámpago en contra de la dirigencia sindicalista y dejaron a 330,000 pasajeros atrapados en aeropuertos a través de toda España y el resto de Europa.

Los controladores se pusieron en huelga después que el Consejo de Ministros adoptara un decreto el viernes por la tarde relacionado a las condiciones de trabajo en las que laboran. El decreto mismo declara que los controladores tienen que trabajar 1,670 horas al año, sin contar con permisos por enfermedad, maternidad o paternidad. También incluyó la posibilidad de inmediatamente militarizar los aeropuertos si los controladores se ponen en huelga y con enviar a médicos a los hogares de los trabajadores para determinar si los que se reportan enfermos en realidad padecen de alguna enfermedad.

Este ataque es solamente el último en toda una serie de agresiones. En febrero, el PSOE había emitido otro decreto por medio del cual los salarios de los controladores eran reducidos por un 40%. El decreto también ordenó el aumento de las horas laborales y redujo los períodos de descanso. Aparentemente, el gobierno adoptó este ultimo decreto en anticipación a una nueva oposición de los controladores.

La nueva medida pertinente a las condiciones laborales es una transparente infracción del acuerdo entre Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (AENA), el gobierno de Zapatero y el sindicato que representa a los controladores (USCA) que se firmara hacia finales de septiembre, específicamente sobre las disposiciones referentes a cómo las horas laborales han de contarse.

Los controladores comenzaron a reportarse enfermos aproximadamente a las 5 de la tarde. Casi el 70% llamó para quejarse que padecía de una u otra enfermedad. Aparentemente, esta acción sorprendió a las autoridades. La revista noticiera francesa, Le Point, comentó: “Las razones exactas para esta movida repentina no se saben”. Y añadió lo siguiente: “Una huelga en contra de la privatización [de AENA] se había planeado para fines de año”.

Funcionarios del gobierno anunciaron entonces que llevarían a cabo una reunión para militarizar el espacio aéreo español, aunque tuvieron que esperar hasta que se publicara el decreto en el Boletín Oficial del Estado a las 9:30 de la noche. El decreto no quedaba vigente hasta que llegara ese momento, pero una vez que el decreto entró en vigor, funcionarios importantes del gobierno convocaron una reunión de emergencia, en la cual participaron Zapatero y José Jiménez Ruiz, Jefe de las Fuerzas Aéreas, para resolver la crisis. Zapatero firmó la orden para obligar a los trabajadores a regresar a sus trabajos a las 11:00 de la noche.

Funcionarios de defensa anunciaron a las 11:30 que el Ministerio de Defensa “exigirá la presencia de los controladores civiles del tráfico aéreo en sus puestos de trabajo”. Policías militares marcharon en dirección del Hotel Auditorium en Madrid, en las cercanías del Aeropuerto de Barajas, para desbaratar una reunión de los controladores de tráfico aéreo y obligarlos a regresar a sus trabajos.

Se reporta que anoche soldados se apoderaron de las instalaciones centrales de los controladores en Sevilla, Madrid, Barcelona, y las Islas Canarias. También planearon reforzar y tomar el control de empleados civiles en los aeropuertos de Valladolid, Murcia, Salamanca,Toledo, Badajoz, León, Zaragoza, Albacete y los aeropuertos, más pequeños, de Cuatro Vientos y Torrejón de Ardoz en Madrid.

Unidades del ejército han sido autorizadas a sacar a los controladores de sus hogares a la fuerza, transportarles a las torres de control y obligarles a trabajar “bajo orden militar”. El gobierno acusará de comportamiento delictivo a todo el que desafíe las órdenes, lo que será condenado con entre seis meses y seis años de cárcel.

El diario español, El País, hizo notar que la reacción del gobierno nunca había llegado hasta semejante punto bajo la democracia.

Pero hay que decirlo sin rodeos: Un gobierno que militariza a la economía que rige la vida de los ciudadanos y aplasta el derecho a la huelga está al borde de caer en dictadura. La oleada de reducciones a los salaries y los servicios sociales que se han impuesto en España y en países de toda Europa debido a la crisis económica, ya no es compatible con gobiernos democráticos.

La huelga de los controladores de tráfico aéreo aparece en medio de una gran oposición popular a las reducciones de los programas sociales impuestas por el gobierno de Zapatero, y a medidas similares que los gobiernos por toda Europa han adoptado. Las últimas semanas han presenciado enormes manifestaciones estudiantiles en Inglaterra e Italia, una huelga nacional de un día en Portugal, la derrota de una enorme huelga por los trabajadores del petróleo en Francia, y la destrucción de la huelga de los marineros griegos por una orden del gobierno que les obligó regresar a sus trabajos.

En España, 10 millones de trabajadores, o sea, un 70% de la fuerza laboral del país, se manifestó en una huelga general de un día que los líderes sindicalistas convocaron en septiembre. Una encuesta de opinión pública llevada a cabo en octubre por El País, descubrió que el 61% de la población desaprueba de la manera en que el gobierno de Zapatero ha tratado de resolver la crisis económica: alargando la edad del retiro, reduciendo los salarios de los trabajadores civiles, y adoptando reformas laborales que permiten el empleo y el despido de trabajadores con mayor facilidad.

El miércoles, Zapatero citó las presiones que han impuesto los bancos y los mercados financieros, quienes se encuentran especulando en contra de la deuda pública española, para justificar las nuevas reducciones de los programas sociales. Estas incluyen no solamente la privatización en un 49% de AENA, sino también la privatización en un 30% de la lotería estatal, la reducción de las rentas internas que se les cobra a los pequeños negocios, un aumento en los impuestos sobre los cigarrillos, y la eliminación de un programa que paga 425 Euros al mes a los que han estado desempleados por largo tiempo. Ese programa ha de expirar en febrero del año que entra.

Tales movidas tendrán un efecto devastador sobre las familias de la clase trabajadora por toda España, sobre todo en un país donde la tasa de desempleo llega a más del 20%. Según los informes de prensa, el 40% de los desempleados vive en hogares en que nadie puede encontrar empleo.

Toda lucha entre la clase trabajadora y el gobierno de Zapatero es de potencial revolucionario, pues sucede bajo condiciones en las que el gobierno arrogantemente ignora la opinión pública en su campaña para empobrecer a las masas. Los sindicatos, que han negociado las reducciones de los programas sociales con Zapatero, temen semejante confrontación y han dejado bien claro que se oponen a las huelgas.

La Unión Sindical de Controladores Aéreos (USCA) canceló una huelga planeada para fines de agosto después de que el 98% de la fuerza laboral votara en favor. El dirigente de USCA, César Cabo explicó que el comité ejecutivo del sindicato había decidido no ejercer el derecho a la huelga durante el mes de agosto porque quería mostrar que era “responsable”.

Ahora, los dirigentes sindicales, después de inicialmente informar a la prensa que la huelga relámpago les había tomado por sorpresa, han dejado bien claro que se oponen a ella. Ayer Cabo publicó una nota en su página de Facebook diciendo que el sindicato estaba luchando para que la normalidad regresara a los aeropuertos y la paz reinara. Añadió que el sindicato ha llamado a sus miembros para que calmen las tensiones.

El País comentó que con anterioridad el sindicato repetidamente había advertido que se hacía más y más difícil controlar a sus miembros, y hoy había abogado por “la calma y la serenidad”. El periódico añade que los dirigentes del sindicato negaron que había ocurrido una huelga, insistiendo que la protesta había sido espontánea.

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