EN INGLES
Visite el sitio inglés
actualizado a diario
pulsando:
www.wsws.org

Análisis Actuales
Sobre el WSWS
Sobre el CICI

 

WSWS : Español

Publicado por el Comité Internacional de la Cuarta internacional (CICI)

Setenta años desde el comienzo de la Segunda Guerra Mundial: causas, consecuencias y lecciones

Por David North
25 Noviembre 2009

Utilice esta versión para imprimir | Email el autor

Este informe ha sido adaptado de una charla que tomó lugar e 5 de octubre, 2009, en la Universidad Estatal de San Diego, California.

Ni los conflictos ni los acontecimientos específicos que desencadenaron la Segunda Guerra Mundial constituyen el tema principal de esta charla. Más bien vamos a analizar las causas generales de la guerra.

Puesto que el cataclismo que ocurrió entre 1938 y 1945 fue colosal, sería simplista, para no decir absurdo, si buscáramos, fuera de un contexto histórico más amplio, las causas principales de la guerra en los antagonismos diplomáticos que condujeron a las hostilidades. Ejemplo: la disputa acerca del Corredor de Danzig.

Toda consideración de las causas de la Segunda Guerra Mundial debe proceder del hecho que la evolución de los conflictos militares mundiales entre 1939 y 1945 sucedieron solo 25 años después del primer conflicto que tomó lugar del 1914 al 1918. Es decir, solo 21 años pasaron desde el final de la Segunda Guerra Mundial y el comienzo de la Primera. Pero también hay otra manera de considerar estos sucesos: dos guerras mundiales catastróficas ocurrieron en tan solo 31 años.

Para poner todo esto en una perspectiva contemporánea, el período que transcurrió entre 1914 y 1945 es el mismo que transcurrió entre 1978 - punto medio del gobierno de Carter - y 2009. Para poder comprender esta perspectiva histórica—y hacer el cambio debido en tiempo histórico—consideremos que una persona nacida en 1960 habría cumplido los dieciocho años en 1978; es decir, habría madurado lo suficientemente para ser conscripto en el ejército y luchar en la guerra. Si esa persona habría sobrevivido, tendría 22 años de edad al terminar la guerra. Y sólo habría tenido 43 cuando empezara la Segunda Guerra mundial y 49 cuando acabara.

¿Qué significa todo esto en términos humanos y personales? Al llegar a los cincuenta, ese individuo debió haber sido testigo directo o indirecto a un nivel de violencia asombroso. Y lo más probable es que ese individuo haya conocido mucha de la gente que murió durante el curso de las dos guerras.

Claro, la intensidad de las experiencias personales con la muerte durante las dos guerras dependía de donde uno vivía. La experiencia de los estadounidenses comunes no fue la misma que la de la gente común en Inglaterra, Francia, Alemania, Polonia, Rusia, China y Japón.

Muertes durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial

Se calcula que la Primera Guerra Mundial causó la muerte de entre 9 y 16 millones y pico de personas. También se ha calculado que el combate directo ocasionó 6.8 millones de la cantidad total. Los accidentes, las enfermedades y los efectos del encarcelamiento de los prisioneros de guerra causaron dos millones de muertes en lo que a lo militar se refiere.

Las tablas 1 & 2 detallan la cantidad de muertes por país durante la Primera Guerra Mundial.

Muertes por país de los Países Aliados País Muertes % de la población que murió Australia 61,928 1.38 Inglaterra 994,134 2.19 Bélgica 120,637 1.63 Canadá 66,944 0.93 Francia 1,697,800 4.29 Grecia 176,000 3.67 Italia 1,240,000 3.48 Rumania 680,000 9.07 Rusia 3,311,000 1.89 Serbia 725,000 16.11 Estados Unidos 117,465 0.13 Tabla 1

Muertes por país de los Países del Eje País Muertes % de la población que murió Austria-Hungría 1,567,000 3.05 Bulgaria 187,500 3.41 Alemania 2,476,897 3.82 Imperio Otomán 2,921,844 13.72 Tabla 2

Luego del Armisticio, los millones de muertos debido a la guerra fueron inmediatamente seguidos por la muerte de otros 20 millones, consecuencia de una epidemia de gripe que azotó a poblaciones ya físicamente debilitadas.

El precio que la humanidad pagó por la Segunda Guerra Mundial excedió muchas veces el de la Primera. Se calcula que entre 62 y 78 millones perdieron la vida. De éstos, las desapariciones causadas por el conflicto militar directo llegaron a entre 22 a 25 millones, inclusive 5 millones de prisioneros de guerra. Se calcula que las muertes civiles llegaron a entre 40 y 52 millones. Examinemos la pérdida de vida en los países de mayor participación en la tormenta.

Muertes por país durante la Segunda Guerra mundial País Muertes % de la población que murió China 10,000,000 - 20,00000 2-4 Indias Holandesas Orientales 3,000,000 - 4,000,000 4.3 -5.76 Indochina Francesa 1,000,000 - 1,500,000 4-6 Grecia 800,00 11.7 Japón 2,700,000 3.78 Alemania 5,600,000 - 6,500,000 7.8 - 9.4 Polonia 5,800,000 16.5 Rumania 680,000 9.07 Unión Soviética 24,000,000 14 Estados Unidos 418,000 0.32 Tabla 3

Lituania y latvia se encuentran entre otros países que perdieron por lo memos el 10% de sus poblaciones. Otros países que perdieron por lo menos el 3% de sus poblaciones fueron Estonia, Hungría, los Países Bajos (Holanda), Rumania, Singapur y Yugoslavia.

Este catálogo de horrores incluye la aniquilación genocida de los judíos europeos. Entre 1939 y 1945, 6 millones fueron asesinados. Esta cifra abarca tres millones de judíos polacos y casi un millón de judíos ucranianos. Si tomamos en cuenta los porcentajes, 90% de los judíos de Polonia, los países del Báltico y Alemania perecieron. Más del 80% de los judíos checoslovacos fueron exterminados. Más del 70% de los judíos holandeses, húngaros y griegos sufrieron el mismo destino. Aproximadamente 60% de los judíos yugoslavos y belgas también fueron asesinados. Más del 41% de los judíos noruegos desapareció igualmente. Y el 20% de los judíos franceses, búlgaros e italianos también fueron aniquilados.

En todos los casos, esta campaña genocida se llevó a cabo con el apoyo de las autoridades locales. El único país ocupado por los nazis en que la población local hizo un esfuerzo conjunto para salvar a sus ciudadanos judíos fue Dinamarca. En ese país, a pesar de compartir frontera con Alemania, solo 52 judíos de los que 8,000 que habían existido antes de la guerra perecieron; es decir, menos del 1%.

El costo humano general de la Primera y Segunda Guerras Mundiales fue, según los cálculos más exactos, entre 80 y 90 millones de personas. A esto hay que añadirle los cientos de millones de seres adicionales que, hasta cierto nivel u otro, sufrieron daños físicos o psicológicos. Es decir, aquellos que perdieron padres, madres, hijos hermanos, hermanas y amigos; que fueron desplazados; que tuvieron que abandonar sus tierras natales; y quienes perdieron vínculos irremplazables e inestimables con sus patrimonios personales y culturales. Es imposible imaginar adecuadamente - y mucho menos comprender - la magnitud de los horrores trágicos que ocurrió durante los 31 años entre el 1914 y 1945.

Al considerar estos sucesos, por favor mantengan en mente que esta enorme e inaudita tragedia ocurrió, en términos históricos, hace relativamente poco. Todavía existen hoy decenas de millones de personas que vivieron durante la Segunda Guerra Mundial. Y para la gente de mi generación, los eventos de la Primera Guerra Mundial ocurrieron durante las vidas de nuestros abuelos, quienes en muchos casos fueron veteranos de ella.

En otras palabras, la Primera y la Segunda Guerra Mundiales pertenecen a la historia moderna. Hasta cierto punto importante, el mundo en que vivimos hoy es consecuencia de esas dos catástrofes gemelas.

Además, la contradicciones políticas y económicas que engendraron a estas guerras todavía no se han resuelto. Este hecho histórico constituye suficiente razón para considerar que este septuagésimo aniversario de la Segunda Guerra Mundial nos brinda la oportunidad de reanalizar sus orígenes, consecuencias y lecciones.

Los orígenes y causas de la Primera y Segunda Guerras Mundiales

Claro, el tiempo límite de esta charla sólo nos permite ofrecer un bosquejo lamentablemente austero de las causas principales de la guerra. Para quedar claros sin necesidad de ser demasiados simplistas, este bosquejo ha de tratar la Primera y Segunda Guerras Mundiales como episodios relacionados íntimamente.

La velocidad con que la crisis se desarrolló en el verano de 1914 tomó a muchos de sorpresa. Pocos sospechaban que el asesinato del archiduque austriaco, Franz Fernando, en Sarajevo el 28 de junio conduciría en apenas cinco semanas a una guerra en la que participaría toda Europa; guerra que eventualmente asumiría dimensiones globales al Estados Unidos ingresar al conflicto en abril, 1917.

Pero las condiciones de esta desastrosa conflagración militar habían estado madurando durante los 15 años anteriores; condiciones íntimamente relacionadas a cambios dramáticos en la economía mundial y, consecuentemente, en la política mundial.

Antes de la explosión del 1914, no habían habido ninguna guerra general entre las "Grandes Potencias" europeas desde el fin de las Guerras Napoleónicas en 1815. El Congreso de Viena creó un marco relativamente estable para las relaciones entre los estados que se mantuvo durante el resto del siglo.

La verdad es que el Siglo XIX no fue totalmente pacífico. La estructura moderna del sistema de estados-naciones surgió de toda una serie de conflictos militares importantes, de los cuales el más sangriento fue la Guerra Civil de Estados Unidos. En Europa, Bismarck logró consolidar la nación alemana moderna bajo la hegemonía política de Prusia usando intencionalmente la fuerza militar contra Dinamarca (1864), Austria (1866) y, por último, Francia (1870). Anteriormente, durante la década de los 1850, los ingleses y franceses se habían opuesto por medio de la Guerra de la Crimea a las ambiciones geopolíticas del imperio ruso. Pero estos conflictos militares fueron relativamente restringidos y no resultaron en al derrumbe de toda la estructura política europea y mundial.

No obstante, para la década de los 1890 quedaba cada vez más claro que la naturaleza de la política mundial ya atravesaba por un profundo cambio debido a la enorme expansión de la economía y la industria capitalistas, sobre todo en Europa y Norteamérica, y a la creciente influencia de los intereses económicos mundiales sobre las intenciones de los estados-naciones.

Desde la década de los 1890 en adelante, el conflicto entre los estados capitalistas principales - o, para ser un poco más preciso, entre las fuerzas bancarias e industriales más poderosas y de mayor influencia sobre la formulación de la política extranjera - para dominar ciertas "esferas de influencia" se convirtió en la base de la política mundial. Esta evolución se expresó de la manera más despiadada y bestial en la lucha por colonias, cuyas poblaciones locales fueron reducidas a la semi esclavitud.

La era del imperialismo había amanecido. Este suceso contenía en sí una significante y peligrosa desestabilización, cada vez peor, de las estructuras dentro de las cuales se ejercían las relaciones entre los estados-naciones. Durante las décadas después de las Guerras Napoleónicas, Inglaterra gozó de una supremacía que casi nadie podía desafiar. Su imperio, basado en vastas posesiones coloniales, fue el hecho dominante de la política internacional durante el Siglo XIX. Como solía decirse, el sol nunca bajaba en el Imperio Británico...¡y los sueldos tampoco subían! Francia también gozaba de una posición privilegiada como potencia colonial del sistema mundial, pero siempre detrás de Inglaterra.

Pero la aparición de nuevos estados nacionales burgueses, que habían surgido en base a un sistema bancario e industrial capitalista de rápida expansión, produjo enormes tensiones sobre las relaciones geopolíticas de la época. Los dos estados capitalistas "nuevos" de mayor importancia eran Estados Unidos y Alemania. Ambos adquirían nuevos apetitos e intereses imperialistas a gran velocidad.

Estados Unidos ingresó al club imperialista en 1898, cuando el gobierno del Presidente McKinley, con un cinismo, una hipocresía y una falta de honestidad inauditos, tramó un pretexto para irse a guerra contra España. En pocos meses Cuba se convirtió en semi colonia de Estados Unidos. Al mismo tiempo, Estados Unidos, aprovechándose de la ocupación de Filipinas, echó las bases para establecer su dominio imperialista sobre el Pacífico. Luego de justificar la ocupación de Filipinas con promesas de darle libertad y democracia a sus habitantes, Estados Unidos mantuvo su promesa con la matanza de 200,000 insurgentes locales que se opusieron a la ocupación.

Estados Unidos tuvo la dicha de tener una gran ventaja geográfica. Se desarrolló sobre un vasto continente; lo protegían dos enormes océanos que evitaban que nadie se entrometiera en sus asuntos internos. La mayoría de las potencias europeas se quedaron asombradas con el burdo y deshonesto belicismo de McKinley, pero no podían hacer nada en absoluto acerca de ello.

Por otra parte, las ambiciones crecientes de Alemania inmediatamente chocaron con sus vecinos imperialistas de Europa: primero con Francia y Rusia y luego, más seriamente, con Inglaterra.

Por consiguiente, los conflictos cada vez mayores entre poderosos estados capitalistas nacionales que trataban de establecer su dominio en una economía mundial más y más integrada, formaron las verdaderas bases de la acumulación de tensiones geopolíticas que por fin estallaron en el verano de 1914.

¿Quién tuvo la culpa?

Durante y sobre todo después de la Primera Guerra Mundial, mucho se discutió acerca de "quien comenzó" la guerra, de quien había "disparado la primera bala", y a quien se le debería culpar. Estas preguntas siempre juegan un papel importantel en la propaganda de las naciones que participan en las guerras, puesto que sus clases gobernantes siempre están ansiosos por exonerarse de toda responsabilidad por las desastrosas consecuencias de su militarismo pirómano.

Si se hace un estudio aislado del contexto histórico más amplio, entonces existen suficientes pruebas que Alemania y Austria-Hungría fueron principalmente responsables por el comienzo de la guerra en 1914. Con una temeridad increíble, sus gobiernos decidieron explotar el asesinato de Franz Fernando para lograr los objetivos geopolíticos que habían codiciado por largo tiempo. Tomaron decisiones que pusieron en marcha la desastrosa cadena de eventos que condujo al estallido de las hostilidades. Pero no es lo suficiente comprobar que los regímenes capitalistas son capaces de cometer grandes crímenes (como ya hemos visto con las guerras en Irak y Afganistán, ambas basadas en la mentira acérrima). Evidencia de la alevosía alemana y austriaca no explica adecuadamente las causas más amplias y profundas de la guerra.

Es verídico que ni Francia ni Inglaterra necesariamente deseaban la guerra en agosto, 1914. Pero ello no es porque ambas " amaban" la paz. Debería recordarse que Inglaterra solamente una década anterior había llevado a cabo una guerra brutal contra la insurgencia de los Boers en África del Sur. Si Inglaterra y Francia no necesariamente "deseaban" la guerra en 1914, ello fue porque estaban más o menos satisfechas con la situación política que en esos momentos favorecía a sus intereses mundiales. Pero pronto aceptaron a la guerra como una necesidad política cuando se vieron asediadas por las acciones de Alemania y Austria-Hungría; acciones que ponían en peligro al status quo y, por lo tanto, a sus intereses. Desde el punto de vista de los intereses imperialistas de Francia e Inglaterra, la guerra era preferible a una paz que alteraba al status quo reinante de acuerdo con los planes de Alemania.

Por consiguiente, a fin de cuentas la causa de la guerra no habían de encontrarse en las acciones de esta o aquella nación que precipitó la explosión. Las causas se arraigaban en la misma naturaleza elemental del sistema imperialista, en la lógica de la lucha de poderosos estados nacionales capitalistas para mantener - o, dependiendo de las circunstancias, lograr — una posición dominante en un orden económico mundial que se integraba cada vez más.

El análisis marxista

Durante los años antes de la Guerra, el movimiento socialista internacional celebró una serie de congresos que advirtieron acerca de las consecuencias mortíferas del desarrollo del imperialismo y el militarismo que éste alentaba. La Segunda Internacional, fundada en 1889, declaró una y otra vez su oposición implacable al militarismo capitalista y se comprometió a movilizar a la clase trabajadores en contra de las guerras. Le advirtió a las clases gobernantes europeas que si no podían ponerle paro a la guerra, la Internacional entonces utilizaría la crisis creada por ésta para apresurar el derrocamiento del capitalismo.

Pero en agosto, 1914, casi todos los dirigentes del socialismo europeo traicionaron estas promesas. El 4 de agosto, 1914, el Partido Socialdemócrata Alemán—partido socialista mayor del mundo-votó en el Reichstag a favor de los créditos para financiar la guerra. Los dirigentes socialistas de Francia, Austria e Inglaterra adoptaron la misma postura patriótica. Solo un puñado de los dirigentes socialistas principales se opusieron inequívocamente a la guerra. Entre los más importantes se encontraban Lenín, Trotsky y Rosa Luxemburg.

Me gustaría enfocar brevemente el análisis de Trotsky sobre las causas de la guerra. Rechazó con desprecio los objetivos engañosos e hipócritas de los dirigentes socialistas que apoyaban la guerra y quienes, para defender a sus países contra la agresión extranjera, se habían puesto de parte de los gobernantes capitalistas. Trotsky desenmascaró las mentiras flagrantes con que los gobiernos en pugna trataron de ocultar los verdaderos motivos económicos y políticos que determinaron la decisión para irse a la guerra. Insistió en que la causa de la guerra era mucho más profunda: los cambios en la estructura de la economía mundial y en la misma índole del sistema capitalista de estados-naciones.

Cuando la guerra estalló, Trotsky se vio forzado a abandonar Austria. Primero fue a Zurich, donde escribió un brillante panfleto, La guerra y la Internacional, en la que explicaba el significado esencial de la guerra.

"La guerra de hoy es fundamentalmente la sublevación de las fuerzas productivas contra la estructura política de las naciones-estados. Significa el colapso del estado nacional como unidad económica independiente.

"La nación debe continuar como hecho cultural, ideológico y psicológico, pero las bases económicas han sido arrancadas debajo de los pies. Toda palabrería acerca de que este sangriento choque es en nombre de la defensa nacional es hipócrita o ciega. Al contrario; el verdadero significado objetivo de la Guerra es el derrumbe de los centros económicos nacionales de la actualidad, y su reemplazo con una economía mundial. Pero la manera en que los gobiernos proponen resolver el problema del imperialismo no es a través de la cooperación lúcida y organizada de todos los productores de la raza humana, sino por medio de la explotación del sistema económico mundial por parte de la clase capitalista del país que triunfe. Lo que significa que ese país, por medio de esta Guerra, ha de transformarse de Gran Potencia a Potencia Mundial.

"La Guerra proclama la desaparición del estado nacional, pero al mismo tiempo proclama la caída de la economía bajo el régimen capitalista. A través del estado nacional, el capitalismo ha revolucionado a todo el sistema económico mundial. Ha dividido a toda la tierra entre las oligarquías de las Grandes Potencias alrededor de las cuales se agrupan los satélites-las naciones pequeñas-cuya existencia dependía de la rivalidad entre éstas. El futuro desarrollo de la economía mundial sobre bases capitalistas significa una lucha sin fin por nuevas y más nuevas esferas de explotación, las cuales han de obtenerse de la misma y única fuente: la tierra. La rivalidad económica bajo la bandera del militarismo es la compinche del saqueo y la destrucción que infractan los principios más elementales de la economía humana. La producción mundial se rebela no sólo contra la confusión engendrada por las divisiones entre las naciones y los estados, sino también contra las organizaciones económicas capitalistas, las cuales ahora se han convertido en centros de caos y una falta de organización brutal.

"La Guerra de 1914 significa el derrumbe más colosal en la historia de un sistema económico destruido por sus contradicciones inherentes...

"El capitalismo ha creado las condiciones materiales para un nuevo sistema económico socialista. El imperialismo ha llevado a las naciones capitalistas al caos histórico. La Guerra de 1914 muestra la salida de este caos al instarle urgentemente al proletariado que emprenda el camino a la revolución".

La explosión de la Revolución Rusa, que llevó al Partido Bolchevique al poder en 1917 bajo la dirigencia de Lenín y Trotsky, reivindicó este análisis.

¿En qué resultó la Primera Guerra Mundial?

Luego de cuatro años de pugna y un derrame de sangre sin precedentes, la guerra terminó más o menos abruptamente en noviembre, 1918. La causa del paro se debió más a condiciones políticas cambiantes que a los resultados en los campos de batalla. La Revolución de Octubre obligó a Rusia a retirarse rápidamente de la guerra. Varios motines por soldados hicieron tambalear al ejército francés en 1917, y éste casi se derrumba. Solo la infusión de soldados y material estadounidenses a favor de los Paíse Aliados pudo retrasar la derrota militar y, hasta cierto punto, logró posponer la caída de la moral. La oposición a la guerra se intensificó rápidamente en Alemania, especialmente luego de la victoria bolchevique en Rusia. En 1918, un motín naval en Alemania condujo a manifestaciones revolucionarias más amplias que terminaron con la abdicación del Kaiser Wilhelm II. Alemania, incapaz de continuar la guerra, exigió la paz.

A pesar de la derrota de Alemania, la guerra no produjo los resultados que Inglaterra y Francia se habían imaginado. En el Este, la guerra había resultado en la revolución socialista en Rusia y en la radicalización de la clase trabajadora por toda Europa. En el Occidente la guerra había creado condiciones que facilitaron el desarrollo de Estados Unidos-que había sufrido relativamente pocas pérdidas— como la potencia capitalista dominante.

Además, el Tratado deVersailles de 1919 le abrió camino a nuevas explosiones. Los términos vengativos que el imperialismo francés insistió en imponer casi no pudieron garantizar relaciones estables en el continente europeo. El derrumbe del imperio austro-húngaro resultó en la formación de nuevos estados-naciones inestables que profundas y explosivas rivalidades seccionales habían desgarrado. Ante todo, el Tratado de Versailles fracasó en crear una nueva base para restaurar un equilibrio económico nuevo en Europa. Más bien, la economía capitalista mundial, a medida que dejaba la guerra atrás, se vio asediada por el desequilibrio que terminó en el colapso inaudito que comenzó en Wall Street en octubre, 1929.

Otro factor principal en el resurgimiento de las tensiones internacionales que condujo a la reanudación de la guerra mundial en 1939 fue el nuevo papel de Estados Unidos en los asuntos internacionales.

Aunque Wilson era alabado como el redentor del capitalismo en Europa (sobre todo después de Estados Unidos entrar a la guerra y la victoria de la revolución socialista en Rusia), pronto se hizo evidente a la burguesía europea que los intereses de Estados Unidos no compaginaban totalmente con los suyos. La burguesía estadounidense no estaba dispuesta a aceptar que Europa dominara la política extranjera. Consideraba que los privilegios que Inglaterra gozaba dentro del marco de su propio imperio eran una barrera a la expansión de sus propios intereses comerciales.

Si la continua expansión del poderío estadounidense hizo trasnochar a los diplomáticos ingleses durante muchas noches, los representantes más implacables del imperialismo alemán les causó una gran tensión nerviosa. En un nuevo análisis de las causas de las guerras mundiales, The Wages of Destruction, el destacado historiador Adam Tooze escribe lo siguiente:

"Estados Unidos debería ofrecer el eje principal de nuestra comprensión del Tercer Reich. Al tratar de explicar la urgencia de la agresión de Hitler, los historiadores han menospreciado lo consciente que él estaba acerca del peligro al que Alemania y el resto de las potencias europeas se enfrentaban; peligro creado por la evolución de Estados Unidos como la superpotencia dominante en el mundo. Hitler se basó en ciertas tendencias económicas contemporáneas para predecir en la década de los 1920 que a las potencias europeas sólo le quedaban varios años más para organizarse contra esta inevitabilidad...

"Por consiguiente, la agresión del régimen de Hitler se puede racionalizar como una reacción a las tensiones desatadas por el desarrollo irregular del capitalismo mundial; tensiones que, claro, todavía existen. [págs. xxiv-xxv]

El análisis de Trotsky en 1934

Los años después de concluir la Primera Guerra Mundial fueron el apogeo del pacifismo. Cuando Wilson declaró guerra contra Alemania en 1917, proclamó que el objetivo de Estados Unidos era "ponerle fin a todas las guerras". La Liga de las Naciones, a la cual Estados Unidos rehusó integrarse, fue creada por los vencedores europeos. En 1927, Francia y Estados Unidos negociaron el Pacto Kellogg-Brian, el cual declaró ilegales a todas las guerras. Aún así, las tensiones internacionales se agudizaron más y más, especialmente después del colapso de Wall Street, el comienzo de la depresión mundial, y la desestabilización política de Europa que resultó de ello; desestabilización cuya expresión más siniestra fue la toma del poder en Alemania por el partido nazi de Hitler.

Nadie mejor que Trotsky comprendió con tanta claridad las insinuaciones de la crisis del capitalismo que se desplegaban. En junio, 1914, luego de ser exilado de la Unión Soviética por el reaccionario régimen burocrático de Stalin, Trotsky escribió lo siguiente:

"Las causas de la última guerra imperialista son inseparables del capitalismo moderno, y ahora han alcanzado tensiones infinitamente mayores a las de mediados de 1914. El único factor que frena las intenciones del imperialismo es el miedo a las consecuencias de una guerra nueva. Pero la eficacia de este receso es limitada. Las tensiones de las contradicciones internas empujan a un país tras otro a tomar el camino del fascismo, el cual, a su vez, es incapaz de mantenerse en el poder sin preparar explosiones internas. La guerra le causa pánico a todos los gobiernos. Pero ningún gobierno tiene la libertad de elegir. Sin la revolución proletaria, una nueva guerra mundial es inevitable". [Escritos de León Trotsky (1933-34), pág. 300]

Igual que en 1914, Trotsky insistió que las tensiones mundiales se arraigaban en la contradicción "entre las fuerzas productivas y la estructura del estado nacional, en conjunto con la contradicción principal entre las fuerzas productivas y la propiedad privada de los medios de producción..." [Ibid., pág. 304] Desde el punto de vista político y económico, la defensa del estado nacional no servía ninguna función progresista. "El estado nacional con sus fronteras, pasaportes, sistema monetario, costumbres, aduanas y el ejército para proteger sus intereses se ha convertido en un horrible impedimento al desarrollo económico y cultural de la humanidad". [Ibid., pág. 303]

Con Hitler en el poder, los apologistas liberales y reformistas de la burguesía imperialista en Inglaterra, Francia, y Estados Unidos habían comenzado a sostener que la nueva guerra sería contra las dictaduras. El régimen estalinista soviético eventualmente adoptó la misma lógica. Trotsky enfáticamente rechazó esta postura. "Una guerra moderna entre las grandes potencias", escribió él, "no significa un conflicto entre la democracia y el fascismo, sino una lucha entre dos imperialismos para redividir al mundo". [Ibid., pág. 307]

Fue dentro el contexto de esta perspectiva política que Trotsky analizó las ambiciones globales de Estados Unidos. "El capitalismo estadounidense se encuentra ante los mismos problemas que empujaron a Alemania hacia el camino de la guerra en 1914. ¿El mundo se encuentra dividido? Entonces hay que redividirlo. Para Alemania el dilema era como ‘organizar a Europa'. Pero ahora Estados Unidos debe ‘organizar' al mundo entero'. La historia está empujando a la humanidad cara a cara con la explosión volcánica del imperialismo estadounidense". [Ibid., pág. 302]

Estas palabras fueron proféticas.

El comienzo y el curso de la Segunda Guerra Mundial

Trotsky insistió que solo la lucha revolucionaria de la clase trabajadora que resultara en el derrocamiento del capitalismo podía prevenir la explosión de una nueva guerra mundial aún más sangrienta que la anterior. Pero las derrotas de la clase trabajadora en España y Francia-producto de las traiciones combinadas de las burocracias estalinistas, socialdemócratas y reformistas-hizo inevitable la guerra, la cual por fin comenzó el 1ro. de septiembre, 1939.

Igual al 1914, el imperialismo alemán fue el instigador principal del conflicto, pero las causas de la Segunda Guerra Mundial, igual que la Primera, eran mucho más profundas.

Trotsky escribió:

"Los gobiernos democráticos en otra época alababan a Hitler como cruzado contra el bolchevismo, pero ahora lo ven como si fuera cierto tipo de Satanás que inesperadamente se fugó del infierno y quien ahora infracta la santidad de los tratados, de las fronteras, de las reglas y de las regulaciones. Si no fuera por Hitler, el mundo capitalista florecería como un jardín. ¡Qué mentira tan miserable! Este epiléptico alemán con una máquina calculadora de cerebro y una autoridad sin límites no cayó del cielo, ni ascendió del infierno. No es nada más que la personificación de todas las fuerzas destructivas del imperialismo...Hitler hace estremecer a las viejas potencias coloniales de pies a cabeza, pero no hace nada más que darle un matiz más acabado los deseos de los imperialistas de imponer su voluntad. Por medio de Hitler, el capitalismo mundial, empujado a la desesperación por haber llegado a su punto muerto, ha comenzado a enterrar una daga bien afilada en sus propias entrañas". [Escritos de León Trotsky (1939-1940), pág. 233]

Por si alguien piensa que Trotsky es injusto con los líderes que se opusieron a Hitler durante la guerra, vale la pena recordar las palabras de Winston Churchill. En enero, 1927, poco antes de convertirse en el primer ministro británico, Churchill visitó a Roma, donde se reunió con el dictador italiano Mussolini y escribió las siguientes palabras: "No pude evitar ser encantado por el simple y dulce porte del Señor Mussolini, y por su calma y su desenvoltura imparcial ante tantos problemas y peligros". El fascismo italiano ofrecía "el antídoto necesario al virus ruso". Churchill le dijo a los fascistas italianos: "Si yo hubiera sido italiano, estoy seguro que habría estado de vuestra parte desde el principio hasta el final de vuestra victoriosa lucha contra los apetitos y las pasiones bestiales del leninismo". [Citado en Human Smoke: The Beginnings of World War II, the End of Civilization, by Nicholson Baker, p. 16.]

Un historiador de la época hizo notar lo siguiente: "Para muchos conservadores y grupos comerciales, la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini, ambas dedicadas a ponerle paro a la expansión del comunismo, eran objetos de cierta admiración. El resultado fue que hubo una oposición bastante fuerte-sobre todo en Inglaterra-a una alianza con la Unión Soviética en contra de las potencias fascistas". [Frank McDonough, Hitler, Chamberlain and Appeasement (Cambridge University Press, 2002), pág. 33]

Hitler invadió a Polonia en septiembre, 1939. Dos días después Francia e Inglaterra le declararon guerra al Tercer Reich. Después de Hitler completar la conquista de Polonia en pocas semanas, la Alemania nazi no llevó a cabo ninguna otra acción militar hasta la primavera de 1940, cuando los ejércitos alemanes barrieron con toda Europa Occidental. En junio, 1940, Francia-la amenaza revolucionaria de su propia clase trabajadora le consternada más que el peligro de la conquista nazi del país-se rindió.

Stalin se había esperanzado que la guerra con Alemania se podía evitar por medio de su cobarde y traidor pacto de no agresión. Pero el régimen fascista siempre había creído que la destrucción de la Unión Soviética era el elemento esencial de sus planes para dominar a toda Europa. En junio, 1941, la invasión alemana de la URSS comenzó. A pesar de los desastrosos errores de Stalin y de las enormes derrotas que el Ejército Rojo inicialmente sufrió, las fuerzas nazis chocaron con una resistencia inflexible.

El 7 de diciembre, 1941, el ataque japonés contra Pearl Harbor empujó a Estados Unidos a la guerra. Cuatro días después-el 11 de diciembre, 1941-Alemania declaró guerra contra Estados Unidos. Éste reaccionó inmediatamente y se declaró en guerra contra Alemania. Durante los próximos tres años y medio, la guerra se llevó a cabo con una ferocidad implacable, pero debemos enfatizar que la guerra en Europa Occidental, por lo menos hasta la invasión Aliada en junio, 1944, era, en términos militares, un espectáculo relativamente inofensivo comparado con los horrores de la carnicería de la lucha entre la Alemania nazi y la Unión Soviética. La guerra en Europa por fin terminó el 8 de mayo, 1945, con la capitulación incondicional de Alemania nazi solo una semana después del suicidio de Hitler.

La guerra en Asia continuó por tres meses más, pero nunca hubo dudas de como iba a terminar. Nunca hubo la más remota posibilidad que Japón- on una población mucho más pequeña, una base industrial subdesarrollada y acceso limitado a materias primas claves-podía prevalecer contra Estados Unidos. El gobierno de Estados Unidos sabía muy bien que los japoneses habían buscado, desde la primavera de 1945, términos aceptables parea rendirse. Pero la tragedia tuvo que durar hasta su sangriento final. En agosto, 1945, Estados Unidos bombardeó a Hiroshima y Nagasaki - ciudades indefensas y de poco significado militar - con dos bombas atómicas. La cantidad de desaparecidos debido a las bombas llegó aproximadamente a 150,000. Gabriel Jackson, historiador estadounidense, observó lo siguiente:

"En las circunstancias específicas de agosto, 1945, el uso de bombas atómicas mostró que un presidente de mente sana y elegido democráticamente podía usar la bomba de la misma manera que el dictador alemán la habría usado. Así Estados Unidos-para toda persona interesada en que consiste la conducta moral de diferentes gobiernos-dejó un poco indefinida la diferencia entre el fascismo y la democracia. [Civilization and Barbarity in 20th Century Europe, pags. 176-77]

Consecuencias y significado de la Segunda Guerra Mundial

Si consideramos a la Primera y Segunda Guerras Mundiales como etapas entrelazadas de un mismo proceso histórico, ¿qué podemos concluir acerca de la causa y propósito del conflicto que le costó la vida a aproximadamente 90 millones de gente?

Recordemos que la explosión de la Primera Guerra Mundial surgió de los antagonismos entre imperialismos que los poderosos estados capitalistas, insatisfechos con las relaciones geopolíticas de la época, engendraron. Alemania en particular estaba descontenta con su posición inferior en un sistema colonial mundial dominado por Inglaterra y Francia, poderosos rivales que habían restringido su capacidad para velar por sus intereses. Al mismo tiempo, Estados Unidos, cuyo poderío económico insuperable lo llenaba de confianza y ambición, no estaba dispuesto a aceptar las restricciones a la penetración de su capital en los mercados extranjeros, inclusive aquellos bajo la protección del imperio británico.

El fin de la Segunda Guerra Mundial terminó un período único de conflictos mundiales que habían comenzado en el alba de la época imperialista hacia finales de los 1890. El intento de Alemania para encontrar su "sitio en el sol" terminó en derrota decisiva. Igualmente, los sueños del Japón Imperial de establecer su dominio en el Pacífico Occidental, China y el sudeste de Asia quedaron hechos añicos con otra derrota decisiva. Los británicos y los franceses salieron de medio siglo de carnicería debilitados desesperadamente, sin suficientes recursos para sostener sus viejos imperios. En menos de una década después de la Segunda Guerra Mundial, toda ilusión de que podían seguir siendo las potencias imperialistas supremas se estrelló mortíferamente.

En 1954, los franceses sufrieron una derrota devastadora en Dien Bien Phu a manos de las fuerzas vietnamitas libertadoras, lo que forzó a Francia a retirarse de Indochina. En 1956, Estados Unidos forzó al gobierno británico a cancelar la invasión de Egipto, acción que humilló públicamente al imperialismo británico y confirmó su servilismo al imperialismo estadounidense. Como Trotsky había anticipado décadas anteriores, la lucha entre las potencias imperialistas principales para dominar al mundo-la redivisión del mundo que le costó la vida a decenas de millones de seres humanos-había terminado con la victoria del imperialismo estadounidense.

Después de la Guerra

El mundo que surgió en 1945, luego de la carnicería de las dos guerras, fue enormemente distinto al del 1914. Aunque Estados Unidos había reemplazado a una Inglaterra arruinada como la potencia imperialista preeminente, éste no pudo crear de nuevo el antiguo imperio británico en su propia imagen. La época de imperios coloniales, por lo menos en la forma que habían previamente existido, había mordido el polvo.

En un hecho histórico lleno de ironía, Woodrow Wilson pronunció su mensaje de guerra al Congreso en abril, 1917, justamente cuando Vladimir Ylyich Lenín viajaba para regresar a la Rusia revolucionaria. Dos grandes líneas históricas se interceptaron en ese momento. El discurso de Wilson estableció el principio de Estados Unidos como fuerza imperialista dominante del planeta. La llegada de Lenín en Rusia marcó el comienzo de una enorme ola de luchas de las masas por el socialismo—y en contra del imperialismo— que barrió con todo el globo terráqueo.

Ya para cuando Estados Unidos había triunfado sobre Alemania y Japón en 1945, cientos de millones de gente se rebelaban en contra del yugo imperialista. La tarea de Estados Unidos era ponerle freno a la ola de luchas revolucionarias. No es posible, dentro del marco establecido por este análisis general, ofrecer siquiera un bosquejo de los desarrollos que sucedieron después de la guerra. Ello necesitaría por lo menos una explicación de la dinámica política de la llamada "Guerra Fría", la cual definió la política internacional entre 1945 y 1991.

No obstante, al finalizar esta charla, me es necesario enfatizar que Estados Unidos consideró que la disolución de la Unión Soviética en 1991 por fin le presentaba la oportunidad de establecer la hegemonía incuestionable del imperialismo estadounidense.

En 1992, los militares de Estados Unidos adoptaron una doctrina estratégica que no le permitiría a ningún país desafiar el dominio mundial de Estados Unidos. En 2002, a esta expansiva doctrina militar se le añadió otro elemento: la doctrina de la "guerra preventiva", la cual declaró que Estados Unidos reservaba para sí el derecho a atacar a todo país que sospechaba de presentar la posibilidad de un peligro a su seguridad. Esta nueva doctrina tenía un blanco específico: China, a la que se le advirtió que no expandiera sus fuerzas militares.

Debería señalarse que, desde el punto de vista del derecho internacional, la nueva doctrina de los militares estadounidenses es ilícita. Los precedentes jurídicos de los Juicios de Nuremberg sobre los Crímenes de Guerra establecieron que las guerras no son instrumentos legítimos de la política de los gobiernos, y que la guerra preventiva es ilegal. El ataque militar de una nación contra otra es legítimo solamente si existe un peligro. En otras palabras, la acción militar se puede justificar solamente como medida urgente para la defensa nacional. El ataque contra Irak, que siguió por solo pocos meses la promulgación, en 2002, de la doctrina de la guerra preventiva, fue un crimen de guerra. Si a Estados Unidos se le hubiere hecho responsable bajo las pautas establecidas en Nuremberg en 1946, Bush, Cheney, Rumsfeld, Powell y muchos otros habrían sido llevados a los tribunales de la justicia.

The lessons

La cuestión crítica que ineludiblemente proviene de todo análisis de la Primera y Segunda Guerras Mundiales es catástrofes similares podrían suceder de nuevo. ¿Fueron las guerras del Siglo XX una aberración horrorosa de la trayectoria "normal" del desarrollo histórico? ¿Es posible imaginar el resurgimiento de disputas y antagonismos internacionales que podrían desatar la Tercera Guerra Mundial?

La respuesta a esta pregunta no requiere especulaciones improbables. La verdadera pregunta no es tanto acerca de una nueva explosión de guerra mundial, sino acerca de cuanto tiempo nos queda antes de que suceda semejante catástrofe. Y como corolario de la segunda pregunta, la próxima y más decisiva pregunta es si se puede hacer algo antes de que ésto ocurra.

Cuando especulan acerca del peligro de guerra, mantengan en mente que Estados Unidos repetidamente ha participado en conflictos militares de gran importancia desde 1990, cuando primero invadió a Irak. Durante la última década, ha conducido guerras importantes en los Balcanes, el Golfo Pérsico y Asia Central. De una manera u otra, todas estas guerras han tenido mucho que ver con los esfuerzos para asegurar la posición mundial dominante Estados Unidos.

Es de gran significado que la expansión del militarismo de Estados Unidos ahora toma lugar contra un telón en que su posición económica mundial sigue deteriorándose a paso seguro. Desde el punto de vista de la economía, mientras más débil Estados Unidos, más tiende a contrarrestar esta flaqueza por medio de la fuerza militar. En este respecto, existen paralelos muy perturbadores a la política del régimen nazi hacia finales de la década de los 1930.

Además, hay que mantener en mente la Doctrina Estratégica de 2002, pues Estados Unidos se enfrenta a una cantidad cada vez mayor de potencias cuyo desarrollo económico-militar los estrategas del Departamento de Estado [Ministerio de Relaciones Exteriores] y el Pentágono consideran como amenazas bastante serias. A medida que el equilibrio general se aleja de Estados Unidos a favor de varios competidores globales (proceso acelerado por la crisis económica que estalló en 2008, que sigue desplegándose), hay una tentación aún mayor para usar la fuerza militar y así poner en reversa las tendencias económicas desfavorables.

En último lugar, recordemos que la Primera y la Segunda Guerra Mundiales fueron consecuencia de la desestabilización del antiguo orden imperialista dominado por Inglaterra y Francia que resultó del desarrollo de nuevos competidores. No es improbable, pues, que el orden internacional de hoy—dominado por un Estados Unidos ya asediado por crisis internas y en apuros para mantener su dominio global-se venga abajo debido la presión que ejercen las potencias en desarrollo (China, India, Rusia, Brasil, y la Unión Europea), quienes no están satisfechos con los acuerdos en vigencia.

Añadamos a eso las tensiones cada vez mayores dentro de ciertas regiones; tensiones que en cualquier momento amenazan con estallar en enfrentamientos militares; enfrentamientos que podrían provocar la intervención de fuerzas externas y conducir a una conflagración mundial. Sólo hay que recordar la tensa situación que surgió durante el verano de 2008 como resultado del conflicto entre Georgia y Rusia.

En otras palabras, el orden mundial es un polvorín. No es necesariamente el caso que las clases gobernantes quieran la guerra. Pero tampoco necesariamente pueden detenerla. Como Trotsky escribiera en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, los regímenes capitalistas se deslizan como por un trineo hacia el desastre con los ojos cerrados. La lógica demente del imperialismo y del sistema capitalista de naciones-estados-el impulso para asegurar el acceso a los mercados, las materias primas y una mano de obra barata; la búsqueda implacable por las ganancias y la riqueza personal-inexorablemente conducen a la guerra.

Entonces, ¿qué le puede detener? La historia nos enseña que la maquinaria aterradora del imperialismo sólo puede frenarse con la intervención activa y consciente de las masas de los pueblos del mundo-y sobretodo de la clase trabajadora-en el proceso histórico. No hay manera de detener la guerra imperialista sino es con la revolución socialista internacional. En este sentido, las guerras imperialistas y la revolución mundial socialista son la reacción al punto muerto histórico del capitalismo de clases sociales diferentes y mutuamente opuestas.

En 1914, Lenín, al oponerse a la traición de la Segunda Internacional, declaró que la época imperialista es la época de guerras y revoluciones. Es decir, las contradicciones económicas, sociales y políticas que engendraron el imperialismo a nivel mundial también crean las bases objetivas para la revolución socialista internacional. La explosión de la revolución en Rusia en 1917 confirmó lo correcto del análisis de Lenín en cuanto a la situación mundial.

A pesar de todos los cambios que han sucedido desde el comienzo de la Primera Guerra Mundial 95 años atrás y de la Segunda hace 70 años, todavía vivimos en la época imperialista. La humanidad, por lo tanto, se encuentra ante grandes dilemas: ¿Podrá contrarrestar el desarrollo de la consciencia política de la clase trabajadora las tendencias destructivas cumulativas del imperialismo? ¿Podrá la clase trabajadora desarrollar suficiente consciencia política a tiempo antes de que el capitalismo y el sistema imperialista de estados-naciones lleven a la humanidad al abismo?

Estas no son cuestiones puramente académicas. Su planteo exige una respuesta activa; respuesta que no saldrá de los salones de clase, sino del verdadero conflicto de fuerzas sociales. La lucha decidirá el asunto. Hasta cierto punto decisivo, el resultado de esta lucha habrá sido consecuencia del desarrollo de la consciencia revolucionaria; es decir, socialista. La lucha contra las guerras imperialistas encuentra su mayor expresión en los esfuerzos por desarrollar una nueva dirigencia política de la clase trabajadora.

Solo pocos meses después del comienzo de la Segunda Guerra Mundial- catástrofe que fue posible por las traiciones de las burocracias reaccionarias estalinistas, socialdemócratas y laborista-reformistas-Trotsky, político realista supremo, escribió lo siguiente:

"El mundo capitalista no tiene salida a menos que también tenga una prolongada agonía de muerte. Es necesario prepararse para años largos, para no decir décadas, de guerras, sublevaciones, breves interludios de treguas, nuevas guerras y nuevas sublevaciones. Un partido revolucionario joven debe basarse en esta perspectiva. La historia le ofrecerá bastantes oportunidades y posibilidades para ponerse a prueba a sí mismo, acumular la experiencia y madurar. Mientras más rápido se amalgamen las filas del partido de vanguardia, más corta será la época de convulsiones sangrientas. En todo caso, el gran problema histórico no se va a resolver hasta que un partido revolucionario se ponga a la vanguardia del proletariado. La cuestión de ritmo e intervalos de tiempo es de gran importancia, pero no altera ni la perspectiva general histórica ni la dirección de nuestra política. La conclusión es simple: es imperante llevar a cabo la labor de educar y organizar al proletariado con un vigor diez veces mayor. Ésta es precisamente la tarea de la Cuarta Internacional". [Escritos 1939-1940, págs. 260-261]

Este análisis, escrito durante una fase inferior de la crisis global imperialista, reverbera hoy día. Lo que está en juego es la sobrevivencia de la civilización humana. Sobre todo, es la responsabilidad de la juventud ponerle paro a la trayectoria de guerra y asegurar el futuro de la humanidad. Por eso he de terminar esta charla exhortándolos a que ingresen al Partido Socialista por la Igualdad.

Regresar a la parte superior de la página



Copyright 1998-2012
World Socialist Web Site
All rights reserved