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Un importante paso hacia adelante

10 de diciembre del 2008

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La ocupación de la fábrica Republic, de ventanas y puertas, por 250 obreros en Chicago, Illinois es un importante logro que merece el total apoyo de la clase obrera en este país y en el mundo entero.

Por primera vez desde que comenzó la actual crisis económica, una sección de la clase obrera manifiesta su independencia y resiste el ataque de las empresas en contra de los empleos y de los niveles de vida, ataque responsable de crear miles de nuevas víctimas todos los días.

Estos trabajadores demuestran una valentía enorme. Se rehusaron a que los echaran de la fábrica cuando los patrones intentaban cerrarla el viernes pasado, dando a los obreros sólo tres días de aviso. Insisten que no dejarán la fábrica hasta que la compañía les pague indemnización por despedirlos y el sueldo de los días de vacaciones que le debe a cada trabajador.

Existe un poderoso y concreto significado detrás de este golpe de los obreros. Las mismas condiciones que dieron lugar a esta batalla afectan a millones más en Estados Unidos y en todo el mundo. Luchas de este tipo van a ocurrir con más y más frecuencia a medida que la crisis económica obligue a los trabajadores a actuar colectivamente para hacer valer sus intereses de clase.

En ese sentido este atrevido golpe trae a la memoria la experiencia de la gran depresión económica de la década de los 1930, cuando ocupaciones de fábricas por obreros automotrices y de la industria de la goma iniciaron una ola de luchas industriales en Estados Unidos.

En común con gente trabajadora por todo el mundo, los obreros de Chicago se ven envueltos en una batalla no sólo contra un patrón sino contra todo el sistema político, económico y social capitalista. Republic tuvo que cerrar sus puertas cuando Bank of America, una de las instituciones financieras más grandes del mundo, dejó de otorgarle crédito a la compañía. Bank of America acaba de recibir más de 25 mil millones de dólares como parte del rescate multimillonario de Wall Street por parte del gobierno.

Para los trabajadores que pierden empleos, casas y ahorros, no hay rescate que valga. Para los ejecutivos de los bancos y para los especuladores cuyo descaro y avaricia han llevado a la economía al bordo del precipicio, la generosidad del gobierno parece no tener límites. Esto sólo demuestra cuales son los intereses de clase que defienden los dos partidos capitalistas, el demócrata y el republicano.

Al mismo tiempo que estos obreros dejan ver una enorme determinación, la lucha también revela límites políticos. El Sindicato Unido de Trabajadores Eléctricos, de Radio, y Torneros (UE) tiene la intención de achicar esta lucha, transformándola en ruegos al Partido Demócrata y a los bancos. El sindicato ahora usa personajes políticos como Jesse Jackson para sofocar esta lucha. Jackson experto en esas cosas.

Claro está que las demandas planteadas no reflejan las necesidades de los obreros. Más que indemnizaciones o mejores avisos a los que puedan ser despedidos, se requiere una lucha para impedir cierres de fábricas y para defender el derecho al trabajo de todos los obreros. Esa lucha debe basarse en movilizar la clase obrera de Chicago, de los Estados Unidos y de todo el mundo y en crear un nuevo movimiento político de la clase obrera que luche por una alternativa al sistema capitalista.

La erupción de esta batalla ha sorprendido y asustado al gobierno. Reconociendo la cólera creciente de la sociedad sobre los obvios prejuicios de clase que representa el rescate de Wall Street, los medios de comunicación y los políticos, hasta ahora, proclaman su apoyo hacia los trabajadores. El nuevo presidente Barack Obama y el Gobernador de Illinois, Blagojevich, han hecho declaraciones de apoyo con la intención de poner presión sobre Bank of America y Republic para resolver la crisis antes de que ésta se convierta en un ejemplo a seguir para muchos otros trabajadores en pie de lucha.

Oficiales del Partido Democrático ayudaron a organizar una junta el lunes entre el Bank of America, Republic, y la UE en un esfuerzo por lograr un rápido arreglo.

Pero el genio se ha escapado de la botella y no puede ser devuelto a ella. No importa como esta lucha concluya, el ejemplo de Chicago hará pensar a mucha gente.

La ocupación de la planta es una demostración del poder social de la clase trabajadora. Estos 250 trabajadores se portan con más audacia que el sindicato automotriz (UAW). Con sus millones de dólares en cuotas y su cuenta bancaria de huelga de mil millónes de dólares. La UAW, sin siquiera fingir luchar, ahora se somete a demandas de las empresas automotrices y del gobierno por más cierres de fábricas y pérdida de beneficios.

Este contraste pone el dedo en la herida. La falta de resistencia en masa a las medidas de las corporaciones y de los bancos en nada se debe a la falta de oposición en la clase trabajadora. Más bien, la culpa es de la burocracia sindical. Esta se ha pasado los últimos 30 años haciendo todo lo posible para estrangular la iniciativa y la resistencia de los trabajadores.

Todos los escépticos y oportunistas que dicen que es imposible pelear por una consciencia socialista en la clase trabajadora nuevamente quedan expuestos. Otra vez más los trabajadores insisten en defender sus propios intereses en formas que desafían el sistema capitalista y la propiedad privada. Cuanto más se ahonda la crisis económica y más y más combates hacen erupción, la pregunta que brotará en las mentes de millones de trabajadores será: ¿A qué clase social le corresponde controlar las fábricas y los recursos financieros de la sociedad y quién debe de tomar las decisiones económicas?

Ninguna ilusión que los trabajadores puedan tener de la administración de Obama, los hará parar su pelea. Ahora que los trabajadores comienzan su lucha, más y más verán la necesidad de barrer con estas ilusiones y buscarán una alternativa política a los dos partidos capitalistas.

Lo que nosotros ahora proponemos es la necesidad de una lucha nacional e internacional basada en una perspectiva socialista.

Jerry White

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