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La deflación amenaza la expansión económica Mundial

Por Nick Beams
3 Enero 2003

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Al concluir el 2002, la perspectiva de una expansión a largo plazo para la economía mundial capitalista se encuentra con una enorme problemática. Verdad que las tres regiones principales—los Estados Unidos, la Unión Europea (UE) y el Japón—cuentan con el 70% de la producción mundial, pero son precisamente esas regiones donde el problema tiene su núcleo.

La economía japonesa no ha mostrado ningún índice que está dejando atrás el estancamiento que la ha tenido en sus garras desde el colapso de la expansión del mercado de acciones a comienzos de la década del 90. A la región europea le va un poco mejor, pero se ve retrocediendo debido a la situación casi recesionista de su economía principal, Alemania. Y la economía de los Estados Unidos arranca y para, arranca y para. Luego de una tasa de expansión anual de 4% durante el trimestre de julio a septiembre, se espera que la economía crezca sólo un 1.4% durante los tres últimos meses del año.

La Organización para el Desarrollo y la Cooperación de la Economía espera que la economía mundial por lo general se expanda solamente un 2.2% el año venidero luego de haber aumentado 1.5% durante el presente. Muchos economistas consideran que una expansión por debajo del 2.5% es el comienzo de una recesión.

Un análisis detallado de las estadísticas revela que varios desequilibrios estructurales que van aumentando en la economía mundial. La ODCE calcula que los Estados Unidos, aunque abarca el 31% de la producción mundial, ha de generar 52% del aumento de la demanda mundial para 2002. Se calcula que la demanda total interna ha aumentado 2.8% en los Estados Unidos, 0.7% en la UE y 1.4% negativo en Japón.

Es decir, puesto que los gastos capitales en Europa no muestran ningún índice de aumento luego de declinar durante los últimos siete trimestres y que el consumo y los gastos de inversiones del Japón continúan estancados, la expansión limitada de la economía mundial más y más dependerá de la expansión de la economía estadounidense.

Pero con tan poca—o ninguna—expansión en el resto del mundo, la única manera para que la economía estadounidense continúe su expansión, aún a tasas de crecimiento menor que las de los dos últimos dos años, es aumentando la deuda interna y externa más todavía.

Ya los gastos de los Estados Unidos sobrepasan por 5% sus ingresos; y la diferencia se refleja en el déficit en la balanza de pagos. Actualmente, este déficit, para poder ser financiado, requiere que el resto del mundo le proporcione un ingreso diario de $1.4 billones. Pero esta cantidad podría aumentar a los $2 billones si la trayectoria actual continúa. Y si los pagos del déficit continúan con la tasa de aproximadamente el 5% de su Producto Interno Bruto (PIB), el pasivo acumulado de los Estados Unidos, el cual representa 20% del PIB, subirá a 50% en cinco años.

¿Qué significa todo esto? Pues ya que la expansión económica de Europa y Japón no tiene ningún futuro, la expansión de la economía mundial depende de procesos de largo alcance en los Estados Unidos que éste no puede sostener.

No se puede determinar como estos procesos se van a desenvolver. Pero ya el estado de depresión de la economía mundial en general y la falta de una recuperación sostenida por parte de los Estados Unidos están engendrando el miedo que la década de estancamiento de Japón no sea la excepción sino la regla.

Después que el Banco de Reservas Federal de los Estados Unidos decidiera en noviembre bajar las tasas de interés 0.5 puntos adicionales de porcentaje, el presidente del banco, Alan Greenspan, reflejó estas inquietudes en un discurso que pronunciara el 19 de diciembre en Nueva York ante el Club de la Economía.

Greenspan comenzó señalando que el tema central de las economías principales después de la Segunda Guerra Mundial había sido el surgimiento de la inflación y la batalla contra ella. Agregó que “las consternaciones acerca de la deflación, que el siglo anterior había sido lo más temido, rara vez aparecía”. Pero esto ahora ha cambiado.

“La verdad es que las últimas experiencias del Japón”, continuó Greenpsan, “de nuevo han concentrado su enfoque en cierta posibilidad: que la caída no anticipada del nivel general de precios puede llegar a convertir la deuda nominal de los hogares y de los negocios — que hasta ahora ha sido relativamente estable — en un aumento creciente y corrosivo de la deuda real y del costo de los servicios de deudas reales”.

Greenspan señaló que las últimas experiencias “habían estimulado a los elaboradores mundiales de medidas de política que otra vez enfocaran la deflación y sus consecuencias, décadas después de menospreciarla como posibilidad tan remota que ya no merecía ninguna atención”.

Aunque se apresuró en asegurar que los Estados Unidos “todavía estaba lejos de tomar el rumbo de la deflación”, Greenspan dio a reconocer que, aunque la economía estadounidense en gran parte se había escapado de la deflación desde la Segunda Guerra Mundial, “todavía existen muy buenas razones para presumir que la deflación es mucho peor amenaza a la expansión económica que la inflación”.

Que la deflación, la cual hasta hace relativamente poco se consideraba consecuencia de las particularidades de la economía japonesa, ahora se ve como amenaza a la economía estadounidense muestra como la situación de la economía ha cambiado. Lo que antes era impensable ahora se ha convertido en realidad, y es consecuencia de los acontecimientos de los dos últimos y medio: el colapso de la burbuja del mercado de acciones; las revelaciones acerca de la contabilidad falsa y engañosa prevaleciente, para no hablar del saqueo; la contracción de las inversiones y el surgimiento de la capacidad excesiva de producción en todos los sectores de la economía estadounidense y mundial; y el fracaso rotundo de las reducciones en las tasas de interés—reducciones que han batido el récord—que no han tenido ningún impacto significante sobre la expansión económica.

Greenspan no mostró ninguna esperanza en que el futuro presencie un cambio próspero en la perspectiva económica de los Estados Unidos. Aunque los nuevos pedidos para bienes de capital—elemento central para la expansión sostenida—se había estabilizado, esto para nada significa que la recuperación vigorosa ha comenzado.

“A fines de cuenta, las inversiones capitales dependerán en gran parte en la situación de las ganancias y la resolución de varias incertidumbres acerca de la perspectiva económica y la situación geopolítica. Actualmente, estas consideraciones imponen una barrera bastante formidable a las nuevas inversiones. Los márgenes de ganancias han sido un poco más elevados que los del año pasado con la asistencia—muy importante, por cierto—de la fuerte expansión de la productividad de la mano de obra. Pero la incapacidad capacidad para imponer precios es muy evidente para la mayoría de las empresas. Es seguro que un aumento más vigoroso y amplio de los gastos capitales requiera mayores ganancias y flujos de efectivo”.

Existe poca evidencia que uno o el otro tome lugar. Además, ya al Banco de Reservas Federal no le queda mucho espacio para maniobrar. Luego de haber bajado la tasa de interés a tan sólo 1.25%, pronto podría encontrarse cara a cara con los mismos problemas que el Banco de Japón ha tenido: tasas de interés de casi 0% lo han dejado con muy pocas opciones políticas para combatir la deflación.

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