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Washington intensifica presencia militar en Latinoamérica

Por Mauricio Saavedra
31 Enero 2003

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Con el pretexto de combatir el terrorismo, el gobierno de Bush está fomentando el aumento de fuerzas militares más intenso en Latinoamérica desde que Washington respaldara toda una serie de golpes de estado que instalaron a dictaduras militares derechistas en el poder en gran parte del continente durante las décadas de los 60 y 70.

El resurgimiento del militarismo estadounidense en la región que los Estados Unidos históricamente ha llamado su “patio trasero” fue muy evidente en la Quinta Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas, que se celebrara en Santiago de Chile a fines de noviembre. Además del ministro de defensa de los Estados Unidos, Donald Rumsfeld, varios comandantes militares estadounidenses de alto rango también asistieron a la reunión.

Rumsfeld le dijo a los ministros de defensa latinoamericanos que, debido al terrorismo, el tráfico de drogas y armas, el crimen organizado y otras “nuevas amenazas intercontinentales”, era necesario “fortalecer la capacidad para planificar y llevar a cabo las actividades de nuestras naciones amigas; mejorar los sistemas de comando y control nacionales; y mejorar la comunicación de la información en la región”. Propuso la cooperación en las actividades navales y la creación de una nueva fuerza militar integrada capaz de "mantener la paz y la estabilidad de la región”.

En período justamente antes de la conferencia, los Estados Unidos salió con el cuento Al Qaida, Hazbollah y otros grupos islámicos fundamentalistas habían construido “células durmientes” en la región tri fronteriza entre Brasil, Argentina y Paraguay, pero los tres países le hicieron caso omiso al cuento. Sin embargo, Rumsfeld de nuevo enfatizó el tema durante la conferencia misma y alegó que habían “miles de miembros de Al Qaida por todo el mundo y no hay duda que hay varios en el hemisferio aparte de los Estados Unidos y Canadá”.

Gran parte del debate de la reunión tuvo que ver con la intervención militar continua en Colombia. Los fondos para el Plan Colombia, aprobados luego de los ataques terroristas del 11 de septiembre, ya había marcado una enorme intensificación de las actividades militares estadounidenses en ese país. Washington ha cambiado el eje de su intervención: de la “guerra contra las drogas” a “la guerra mundial contra el terrorismo”. El año pasado, el congreso de los Estados Unidos aprobó una ley que específicamente permite que el gobierno colombiano use la ayuda militar estadounidense para actividades de contra insurgencia dirigidas a los movimientos guerrilleros de la nación.

La mayoría de los informes de prensa acerca de las actividades militares de Washington en Colombia - que ya llegan a varios billones de dólares - se han concentrado en los esfuerzos contra las drogas y las actividades de los guerrilleros, pero la intervención del Pentágono, igual que la guerra inminente contra Irak, recibe su ímpetu de lo que Estados Unidos ya ha determinado: ejercer control sobre las extensas reservas petrolíferas del país.

Además del enorme campo petrolífero Caño-Limón en la provincia de Arauca, que está bajo el control de Occidental Petroleum (basado en Los Ángeles), British Petroleum [de Inglaterra] maneja los campos de Cusiana y Cupiagua en las colinas de las faldas de los Andes orientales. Empresas canadienses y estadounidenses han asegurado los derechos, otorgados por el gobierno colombiano, para explorar reservas potenciales de 2.5 billones de barriles en la Cuenca de Putumayo. Se calcula que sólo se ha explorado el 20% de los campos petrolíferos potenciales del país. Los países vecinos de Venezuela y Ecuador ya son exportadores principales de petróleo.

El 3 de diciembre, Colin Powell, ministro de relaciones exteriores de los estados Unidos, viajó a Colombia para anunciar que el gobierno de Bush le había pedido al Congreso nacional que le suministrara $537 millones al Plan Colombia en 2003, lo cual convierte a Colombia en el tercer recipiente principal del mundo de ayuda militar estadounidense. Más de $130 millones han sido destinados para enviar docenas de soldados, miembros de Actividades Especiales, para capacitar dos brigadas colombianas que protegen el oleoducto de Caño-Limón.

Evidenciando que las fuerzas estadounidenses se están preparando para la participación militar directa, Powell presionó al gobierno colombiano para que éste formalmente declarara que ningún miembro de las fuerzas estadounidenses presentes en Colombia va a ser enjuiciado ante el Tribunal Penal Internacional por perpetrar crímenes de guerra.

Luego de repartir $180 millones a las naciones andinas del Perú, Ecuador, Bolivia y Panamá, el Pentágono está abriendo camino para intervenir en estos países bajo el mismo pretexto del Plan Colombia. El Pentágono ya ha abierto camino en Ecuador, donde las fuerzas estadounidenses están capacitando a los militares. También ha establecido un centro en Iquitos — regido conjuntamente por Perú y Colombia — y cierta presencia militar en la región de Chapare, Bolivia, donde se cultiva la cocaína.

Rumsfeld también se valió de la conferencia para hablar detalladamente acerca de una estructura de seguridad que el Comando del Sur del Pentágono ( SOUTHCOM) — a cargo de las actividades militares estadounidenses en Latinoamérica y el Caribe - ha estado desarrollando desde la caída de la Unión Soviética. El objetivo de esta estructura es utilizar el poder militar de los Estados Unidos para apretar el nudo político y económico que Washington ha puesto alrededor del hemisferio.

El general de división, Gary D. Speer, quien también funciona como jefe supremo interino de SOUTHCOM, a principios de año declaró lo siguiente ante el Congreso: “Dada la mayor importancia de la región y su cercanía geográfica, el objetivo de nuestra cooperación en cuanto a la seguridad es conseguirle mayor acceso a nuestras fuerzas, tratar de expandir la influencia de los Estados Unidos, y dar seguridades a nuestros aliados a la vez que disuadimos y frenamos a nuestros adversarios potenciales”.

Los planes del Pentágono de varias maneras significan el retorno, a nivel más elevado,

al llamado sistema de seguridad que dominaba desde la década del 60 hasta la del 80, cuando los militares regían gran parte de Latinoamérica. La tesis central de esta doctrina militar no era que poderes militares extranjeros amenazaban la seguridad de los regímenes latinoamericanos; la amenazaban sus propios pueblos. Llevarla a la práctica en ese entonces significaba el asesinato, la tortura y el encarcelamiento de cientos de miles de trabajadores, estudiantes, intelectuales y otros a quienes se les consideraba adversarios de los regímenes respaldados por los Estados Unidos.

En aquel entonces, el pretexto para la represión era la “subversión comunista; ahora la justificación del nuevo sistema colectivo de seguridad es el “ terrorismo”.

Luego del cierre de su base de actividades en Panamá en 1999, SOUTHCOM mudó la sede a Puerto Rico. Desde ese entonces ha establecido tres bases aéreas adicionales en Ecuador, las Antillas holandesas y El Salvador. Con estas bases, los militares estadounidenses pueden enviar su poder aéreo sobre el Pacífico oriental, el Caribe occidental, toda Centroamérica, y los Andes de Sudamérica.

Se supone que las bases se utilizan para el espionaje, la observación y las misiones de reconocimiento para vigilar y llevar a cabo actividades de interdicción en las llamadas “zonas de fuente y tránsito” de drogas, pero en realidad son bases para lanzar intervenciones militares.

Washington ya ha establecido cadenas para compartir la información obtenida por el espionaje; Rumsfeld ya se había referido a éstas durante la reunión sobre la seguridad en noviembre. Instituciones que anteriormente se habían usado estrictamente para combatir el mercadeo de drogas — tales como la South American Net [Red Sudamericana], la Caribbean Information Sharing Network [Red Caribeña para el Intercambio de Información], y la Cooperating Nations Information Exchange [Intercambio de Información de Naciones Cooperadoras] — ahora se usarán para reprimir no sólo a los movimientos guerrilleros armados, sino a toda oposición popular que desafíe el dominio estadounidense de los recursos de la región.

Una semana antes de la reunión hemisférica sobre la seguridad, el presidente George W. Bush le pidió al Congreso que ratificara una convención anti terrorista que la Organización de Estados Americanos adoptara a principios de año. La convención mucho se parece a la Operation Condor, convenio clandestino entre las fuerzas de seguridad de cinco dictaduras latinoamericanas que cooperaron para liquidar adversarios izquierdistas y obreros a mediados de la década del 70. Ahora ese nuevo convenio exige que se establezca una base de datos, obtenida del espionaje, para colectar y diseminarle a las fuerzas de seguridad información acerca de organizaciones “terroristas”.

Hace varios años que quedó bien claro el tipo de información a compartir, cuando el abogado paraguayo y partidario de los derechos humanos, Martín Almada, publicó un memorándum secreto que un coronel paraguayo le había enviado a la Conferencia de Ejércitos Americanos, que tomaba lugar en Quito, Ecuador. Con el título de Subversión en Paraguay durante el primer semestre de 1997, este documento detallaba una lista de “subversivos” presuntos que incluía a dirigentes sindicalistas del país, políticos y estudiantes oposicionistas, y organizaciones obreras y campesinas. Se presume que el espionaje militar de todo el hemisferio está preparando listas similares.

Durante la última década, el Pentágono ha intensificado actividades multilaterales y ejercicios militares en los que participan varias regiones. Sólo en el 2001 los militares estadounidenses condujeron 17 ejercicios en combinación y 178 despliegues para la capacitación. Más de 12,000 tropas participaron. El más reciente ejercicio colectivo - y el mayor - fue Cabañas 2002, llevado a cabo en Chile.

Igual que durante la Guerra Fría, los vínculos con los comandantes militares y jefes de estado de Latinoamérica se fortalecen por medio de instituciones como la Escuela de las Américas, auspiciada por el ejército de los Estados Unidos. Fue en esta (y en otras escuelas estadounidenses) que asesinos de las masas — tales como el jefe de la policía secreta de Chile, Manuel Contreras, y dictadores militares argentinos, tales como Roberto Viola y el reciente fallecido Leopoldo Galtieri - fueron inculcados con la doctrina anti comunista. El US International Military Education and Training Program (IMET) [Programa Internacional de los Estados Unidos para la Capacitación y Educación Militar], descrito por SOUTHCOM como “la espina dorsal de nuestra profesionalización colectiva y educación militar”, capacitó 2,684 oficiales militares y civiles latinoamericanos en el 2000. Se espera que la cantidad de estudiantes que van a ingresar aumentará firmemente.

Por otra parte, según ha escrito el General Speer, Argentina, Uruguay y Chile han participado en las misiones de observación y fomento de la paz de la ONU “para librar a las tropas de los Estados Unidos con tal que puedan cumplir otras misiones”. El general añade que Chile se ha comprometido a comprar diez aviones de guerra F-16 y “esto abre la puerta para que haya aún más cooperación y capacitación bilateral con el objetivo de aumentar la co dirigencia de las actividades colectivas”.

Un indicio que semejantes “actividades colectivas” ya están funcionando fue publicado el julio pasado en un informe del Jornal do Brasil; informe, que por cierto, recibió poca atención. El periódico reveló que el gobierno chileno del presidente Ricardo Lagos tiene bajo consideración planes para enviar tres batallones del ejército - aproximadamente 2,600 tropas - a Colombia como parte de una fuerza multinacional dirigida por los Estados Unidos. Cuando el artículo apareció, el gobierno chileno categóricamente negó que contemplaba semejante despliegue.

Rumsfeld, sin embargo, indicó durante su más reciente visita a Chile que otros países además de los Estados Unidos ya le estaban proporcionando a Colombia asistencia militar. El ministro de defensa le dijo al periódico La Tercera: “Lo creo difícil para un solo país resolver los problemas internacionales o regionales...no me sorprende que otros países quieran participar”.

Al pedirle al Congreso de los Estados Unidos fondos adicionales para la defensa, el general Speer reportó que a la capacidad actual de SOUTHCOM “le falta un poco para que podamos llenar nuestros requisitos, sobretodo cuando tenemos que ser activos en vez de pasivos en los campos cruciales de nuestra misión: el terrorismo, la protección de las fuerzas, el apoyo para combatir las drogas y la anticipación de las crisis”.

Este último campo es sin duda el más importante desde el punto de vista de los intereses estratégicos de los Estados Unidos. Después de décadas de programas de austeridad impuestos por el Fondo Monetario Internacional, gran parte de Latinoamérica se encuentra abatida por una profunda crisis económica y social. Washington teme que la condiciones, que van empeorando, provocarán sublevaciones revolucionarias de la clase obrera y de las masas rurales oprimidas. Y este es el peligro que las nuevas estrategias militares han sido establecidas para confrontar.

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